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Reportaje:

El urbanismo salvaje une

Asociaciones locales crean una coordinadora nacional de defensa del territorio

"Marbella no es la excepción, es el paradigma. La corrupción y la especulación inmobiliaria son un problema de Estado". El problema. Esa es la opinión de Jaime del Val, 31 años, portavoz de la naciente Coordinadora Ciudadana nacional de Defensa del Territorio, y de los demás promotores de un ente que pretende aglutinar el fragmentado universo de asociaciones y plataformas que luchan, cada uno en su localidad, por el mismo objetivo: frenar el "salvaje" desarrollo urbanístico español.

Para estimular el proyecto -que el portavoz define "radicalmente apolítico"-, 23 representantes de asociaciones y plataformas de la Comunidad de Madrid, Murcia, Andalucía, Valencia, Aragón y Extremadura se reunieron ayer en Alcalá de Henares. Organizaciones catalanas, gallegas y asturianas también están interesadas en el proyecto aunque, siendo el movimiento incipiente, es imposible definir el número de entes involucrados.

"Nos parece fundamental constituir una plataforma que pueda interactuar a nivel estatal o europeo y que despierte cada vez más la atención de la opinión pública sobre un problema que no es sólo medioambiental; que es político, social, cultural", comenta Del Val. Con este espíritu nace el movimiento; y con la intención de constituir un punto de apoyo para activistas locales, un centro de recogida de datos a nivel nacional y un organismo consultor para ciudadanos.

"Si por un lado el grueso de las competencias urbanísticas está a nivel local o regional, también hay responsabilidades que trascienden ese nivel", dice Antonio Campillo, presidente de la coordinadora regional Murcia no se vende, que es una de las promotoras del proyecto. "Me refiero por ejemplo a la responsabilidad por la actuación judicial, por el cumplimiento de las directivas europeas ambientales, por la tutela del derecho a la vivienda, y por una adecuada legislación nacional sobre el suelo", dice Campillo, que es catedrático de Filosofía.

"Tener una voz de ámbito nacional nos fortalece como interlocutor", prosigue Campillo. "Nuestra experiencia aquí en Murcia es significativa: desde que se ha aglutinado el fragmentado panorama de asociaciones locales en un foro regional la capacidad de influencia sobre la opinión pública ha aumentado notablemente. Además, es fundamental comunicarnos entre nosotros. Siempre se repiten las mismas pautas, las mismas situaciones de indefensión. Es importante la experiencia".

La prioridad programática de la Coordinadora será ahora contactar con asociaciones de toda España para ampliar la representatividad, establecer pautas de funcionamiento y el calendario de las primeras actuaciones. "Quizá ya no podemos permitirnos gastar tanta energía en cuestiones puntuales", dice Del Val. "Un hotel ilegal no es nada frente a los millones de viviendas que están planificadas. Hay que ir a lo gordo". Por eso viene bien tener una dimensión nacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de junio de 2006