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MIRADOR

Primer ministro vaticano

La Secretaría de Estado vaticana tiene un gran poder de influencia para un pontífice. Es el dicasterio que colabora más de cerca con él, lo cual no significa que su titular -una especie de primer ministro papal- llegue a la silla pontificia. El cardenal Pacelli, Pío XII, fue el último secretario de Estado que llegó a ser papa. Una regla no escrita de la curia romana indica que un pontífice italiano debe elegir a un extranjero como primer ministro y al revés. Juan Pablo II, polaco, eligió en sus 24 años de pontificado a dos italianos: Agostino Casaroli, el promotor de la apertura de la Iglesia católica al Este, iniciada cuando era responsable de Exteriores con Pablo VI; y Angelo Sodano, que ocupó la función durante los últimos 15 años. Sodano pasará a la historia como el prelado que se mostró comprensivo con Pinochet cuando fue nuncio en Chile, pero también como el defensor de la causa palestina y crítico de la ocupación de Irak. Por motivos de edad, pidió a Benedicto XVI el retiro cuando éste llegó al pontificado en abril de 2005. Sin embargo, Ratzinger lo mantuvo como al resto de los demás responsables curiales. El Papa alemán se ha decidido finalmente a sustituirle por un veterano teólogo, Tarcisio Bertone, de 71 años, cardenal de Génova, apasionado del fútbol e hincha del Juventus, con quien trabajó codo con codo cuando era presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe (el ex Santo Oficio) antes de llegar al papado. Bertone, a diferencia de sus antecesores, carece de experiencia diplomática, pero se parece a Sodano en su discurso franco y directo. Desde luego, no tuvo pelos en la lengua el año pasado cuando calificó El código Da Vinci como un puñado de mentiras y aconsejó a los católicos no leer el libro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 23 de junio de 2006