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Pékerman promete "rotaciones"

Michel lamenta la inexperiencia de los marfileños, que se olvidaron de "cosas esenciales"

El francés Henry Michel, el técnico de Costa de Marfil, apenas entreabría los labios para dar sus explicaciones sobre el encuentro. Evidentemente, estaba molesto. Con el resultado, desde luego. Pero también con sus futbolistas. "Estamos decepcionados. Cuando empezamos a jugar, olvidamos cosas esenciales. Como, por ejemplo, evitar que nos metan un segundo gol cuando ya nos han marcado el primero", comentó con amargura antes de insistir en su argumentación: "Esto es un Mundial y se nota la falta de experiencia de los jugadores".

Precisamente, José Pékerman, el responsable de la victoriosa Argentina, recalcó nada más afrontar a la prensa que el equipo africano "no es un debutante normal, sino un rival muy duro y realmente peligroso".

Pero, a pesar del triunfo, las discutibles decisiones tácticas de Pékerman -el cambio de Crespo por Palacios y los sucesivos hasta quedarse sin delanteros de área- ocupó una buena parte de las preguntas. "Quité a Crespo porque estaba cansado. Pensé que controlaríamos mejor. Pero, a veces, uno resbala", concedió el entrenador con su siempre moderado tono de voz.

"Yo tengo que ver lo que hace el rival. A veces, no es productivo tener un delantero aislado en el área", insistió Pékerman, que agregó otra razón a sus decisiones: "Ellos metieron cuatro atacantes". También reivindicó que, "antes", su equipo "tuvo momentos muy interesantes". Además, resaltó la labor defensiva y avisó de que haría "rotaciones" porque, en su opinión, "darán buen resultado".

En la grada, los padres de Messi no tuvieron oportunidad de ver jugar a su hijo ni un minuto. Pero sí tuvieron tiempo para asegurar que "no se va a mover del Barcelona".

Pékerman agradeció a Maradona su presencia en el vestuario albiceleste "a decir unas palabras a los chicos". También se sintió en deuda con el público: "Nos hizo sentir como en casa".

Pero la exaltación argentina comenzó mucho antes de que concluyera el partido. Desde la mañana, cuando cerca de 20.000 aficionados se fueron desperdigando por las calles de Hamburgo. Y haciéndose notar. Dos furgonetas Volkswagen, escapadas de alguna postal del Flower power californiano de los sesenta, obstruían el tráfico de una de las arterias comerciales de la ciudad portuaria. Unos 20 rosarinos hacían sonar la bocina y cantaban canciones de amor a su selección mientras bloqueaban la calle. Un poco más allá, un grupo de alemanes se turnaba para fotografiar a una multitud de chicos con camisetas azules y blancas que brincaban sin descanso en la plaza del Ayuntamiento.

Por la zona, vestidos con el uniforme oficial de la selección, un grupo de jóvenes desconcertaba a los viandantes. Eran los miembros del combinado sub 20 argentino, que permanecerán todo el Mundial "ejerciendo de sparrings de los mayores", según explicó en plena calle principal de Hamburgo su responsable, Francisco Ferraro.

Ya en el estadio, la zona de la grada ocupada por los colores argentinos suponía más de las tres cuartas partes del aforo. En uno de los fondos, los hinchas más activos. Junto a ellos una interminable fila de guardias de seguridad.

En una esquinita, los fieles de Costa de Marfil. Bongos y un ritmo constante. Aplausos a los suyos, aunque fuera por un robo de balón en el centro del campo y abucheos al contrario. Un público agradecido y minoritario que abandonó el recinto sin dejar de hacer sonar los tambores del estadio.

Parecían más contentos que Saviola, designado el mejor jugador del encuentro y que se limitó a recoger su trofeo sin decir ni una palabra a los periodistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 11 de junio de 2006