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El presidente palestino da otras 48 horas a Hamás para que reconozca a Israel

Los islamistas anuncian un boicoteo al referéndum sobre las fronteras con Israel

Tal vez por la presión de líderes árabes para dar otra oportunidad a las negociaciones entre Al Fatah y Hamás, o quizá por la influencia de los dirigentes palestinos presos, el presidente, Mahmud Abbas, decidió ayer prorrogar 48 horas el ultimátum concedido a la organización islamista para que apoye la iniciativa que aboga por crear un Estado palestino en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este y por el reconocimiento de Israel. De lo contrario, convocará el referéndum sobre esta propuesta. Hamás insistió en que no se plegará y anunció que boicoteará la consulta.

El Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que agrupa a todas las facciones palestinas excepto Hamás y Yihad Islámica, celebró ayer en Ramala una reunión que fue una pura formalidad. A su término, Nabil Abu Rudeina, portavoz del mandatario, aseguró: "En 48 horas, Abbas emitirá el decreto de convocatoria del referéndum".

Con todo, los palestinos nunca han votado en un referéndum y los expertos legales afirman que su resultado no sería vinculante. Aunque caben pocas dudas de sus efectos políticos.

El documento suscrito por Maruan Barguti (Al Fatah), Abdel Halek Natshe (Hamás) y dirigentes de otras facciones recluidos en una prisión israelí exige la creación de un Estado palestino en las fronteras anteriores a la guerra de junio de 1967; el retorno de los cuatro millones de refugiados; la liberación de unos 10.000 presos en cárceles de Israel; la adhesión de Hamás y de Yihad Islámica a la OLP, y establece que la resistencia contra el Estado judío sólo se llevará a cabo en los territorios ocupados.

Todo ello podría ser admitido casi sin retoques por las organizaciones islamistas. Pero la aceptación de los pactos suscritos por la OLP, sumada al establecimiento del Estado palestino en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Oriental, acarrea el reconocimiento implícito del Estado de Israel. No parece que, al menos a corto plazo, Hamás esté por la labor.

El movimiento fundamentalista está en el atolladero. No ignora que la mayoría de los palestinos apoya el Estado palestino en los límites previos a 1967. Pero, además, comienzan a aparecer discrepancias en el disciplinado partido. Siempre las ha habido, pero antes de asumir el poder, hace ya dos meses, eran soterradas. Ahora, el primer ministro, Ismail Haniya, se muestra más proclive a limar asperezas en sus posiciones políticas, aunque considera el plebiscito "ilegal e innecesario". "Exigimos más reuniones y más diálogo. Pero no estoy dispuesto a negociar con una pistola en la sien", declaró. Sin embargo, Jaled Meshal, líder de Hamás en el exilio de Damasco, es más reacio a las concesiones.

El desafío lanzado por Abbas sólo tiene un objetivo: quebrar el Gobierno islamista elegido en las urnas el 25 de enero. Porque no puede tener en mente el presidente que semejante propuesta sea aceptada en casi ninguno de sus puntos por un Gobierno israelí.

Llama la atención que el presidente apoye un documento que reivindica el Estado palestino en todos los territorios ocupados, cuando su partido y él mismose han mostrado dispuestos a aceptar concesiones o intercambios territoriales. También sorprende que respalde, sin limitaciones, el derecho al retorno de los refugiados, cuando ha apoyado otras fórmulas -compensaciones económicas- que impedirían el ejercicio pleno de ese derecho. Y mucho más firme es la determinación de Al Fatah -incapaz de asumir su derrota en las elecciones- de negarse a ceder el poder a Hamás. Las milicias de ambos bandos se despliegan a diario en ciudades y cruces de carreteras en Cisjordania y Gaza, territorios inundados de armas. Un deterioro mayor de la situación política y cualquier chispazo pueden desatar choques armados mucho más violentos de los vistos en las últimas semanas, saldados con una quincena de muertos.

La convocatoria del referéndum deja margen para renovar las negociaciones. Abbas tiene previsto celebrarlo 40 días después del anuncio definitivo y siempre podría suspenderse si las conversaciones llegaran a buen puerto. De lo contrario, se abren numerosos interrogantes. El presidente podría destituir al Gobierno y convocar elecciones anticipadas. ¿Y si perdiera la consulta? "No tendría más remedio que dimitir", ha comentado Azzam al Ahmed, uno de los dirigentes leales al mandatario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de junio de 2006