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Precio y riesgo

En los últimos años hemos asistido a una disminución casi constante de la prima de riesgo cotizada en los mercados financieros. Existe la percepción de que el apetito por activos con mayor riesgo de los inversores ha aumentado significativamente, provocando un incremento de sus precios, y una disminución de los diferenciales de crédito y de la volatilidad de los precios en casi la totalidad de mercados. Como ejemplo de ello, los inversores han incrementado significativamente sus posiciones en productos que tradicionalmente han mostrado parámetros de riesgo más acusados -bonos de países emergentes o emitidos por empresas con peor calidad crediticia, acciones de sectores y países con mayor volatilidad, etcétera-.

Podemos estar cerca de un periodo de mayor volatilidad, en el que las posiciones de los inversores comiencen a rotar hacia activos con menor riesgo

Más allá de los factores que puedan justificar, en mayor o menor medida, dicha evolución -asociados a los bajos tipos de interés y la abundante liquidez existente en casi todos los países-, tanto el FMI en su último Global Financial Stability Report como la práctica totalidad de analistas se cuestionan la sostenibilidad temporal de esta situación. Si se tratara de un fenómeno estructural, su duración en el tiempo debería ser prolongada, pero si por el contrario, respondiera a factores coyunturales, la situación actual estaría reflejando una infraestimación del riesgo asumido.

Si aproximamos la aversión al riesgo mediante el cociente entre la rentabilidad esperada y la volatilidad del mercado, dicha ratio no debería variar significativamente, aunque sí podría hacerlo su composición. Bajo dicho axioma, la relación entre la rentabilidad que exigen los inversores y el riesgo percibido debe ser similar tanto en los momentos en los que la economía presenta un exceso de capacidad (lo que normalmente está asociado a periodos de elevada liquidez y reducida volatilidad del precio de los activos) como en aquellos en los que la oferta agregada es más inelástica y por tanto los ajustes se realizan fundamentalmente vía precio, generando una mayor volatilidad del precio de los activos.

Por tanto, en un contexto como el actual, caracterizado por un crecimiento económico mundial históricamente elevado y un tensionamiento generalizado de las condiciones monetarias, cabe pensar que podemos estar cerca de un periodo de mayor volatilidad, en el que las posiciones de los inversores comiencen a rotar hacia activos con menor riesgo.

Alfonso García Mora y Verónica López son profesores de la Escuela de Finanzas Aplicadas (Grupo Analistas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 06 de mayo de 2006.