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Reportaje:

Educación refuerza el servicio a niños enfermos

Creará centros territoriales para mejorar la atención educativa hospitalaria y domiciliaria

Vitoria
"Prevenir y evitar la marginación del proceso educativo". Ese es el objetivo del servicio de atención educativa hospitalaria y domiciliaria que el Departamento de Educación puso en marcha en el curso 1996-97 y que ahora pretende reforzar por medio de la creación de centros territoriales específicos. La creciente demanda de atenciones y la ampliación de la educación obligatoria aconsejan la creación de un servicio permanente de profesorado itinerante que se especialice en esta labor y se capacite para enfrentarse a los problemas tan particulares que se derivan de cada caso de niño enfermo. Desde que echó a andar, el servicio ha atendido a 652 niños durante la convalecencia en sus casas.

El Departamento de Educación va a potenciar el servicio que actualmente presta a los niños que se encuentran enfermos, bien en sus domicilios o en los hospitales. La consejería está elaborando un decreto por el que se crean los centros territoriales para la atención educativa hospitalaria y domiciliaria. Se trata de un servicio que ya se venía prestando desde el curso 96-97, pero que ahora se va a reordenar y regular para darle más realce, especialmente en Álava y Guipúzcoa, donde este curso ha empezado a funcionar de una manera más reglada. En cambio, en Vizcaya el sistema estaba a pleno rendimiento desde hace diez años.

El proyecto de decreto pretende dar un soporte estable a este servicio de apoyo para prevenir y evitar la marginación del proceso educativo de los alumnos en edad escolar internados en los hospitales o que no pueden salir de sus domicilios a causa de una enfermedad. Los avances de la medicina y las nuevas concepciones hospitalarias han hecho imprescindible la incorporación de nuevos profesionales de la educación que acuden a las casas como si se tratara de un nuevo espacio escolar, en este caso individual, para atender al alumno que se encuentra convaleciente. El servicio se ocupa de los ciclos de Educación Infantil, Primaria, Secundaria Obligatoria y Bachillerato, tanto de centros públicos como privados. Desde el curso 1996-97 se ha atendido un total de 652 alumnos. En el actual curso 2005-2006, ya han pasado por el servicio 104 alumnos que han contado con el apoyo de 41 profesores.

Desde el curso 1996-97, un total de 652 alumnos han recibido clase en su casa durante su convalecencia

La especificidad de la labor, la creciente demanda de atenciones y la ampliación de la educación obligatoria hasta los 16 años han aconsejado el establecimiento de un servicio permanente de profesorado itinerante, que se especialice en esta labor y se capacite para afrontar los problemas a los que se deben enfrentar en las especiales circunstancias que acompañan estos casos. Se trata de un servicio voluntario y, por lo tanto, deben ser los padres los que lo requieran. El camino que siguen las solicitudes es el siguiente: petición de los padres en el centro donde está inscrito su hijo; informe médico que acredite que el alumno estará convaleciente al menos durante un mes; informe del centro donde está matriculado y remisión al servicio de Inspección Educativa, que finalmente da su consentimiento.

Al margen de conseguir mantener el rendimiento escolar, el objetivo del servicio de atención domiciliaria es que el alumno enfermo no pierda las relaciones con sus compañeros y con su centro. De esta forma, la vuelta al colegio siempre será menos traumática. Para ello, es preciso que los padres estén dispuestos a que se conozca la enfermedad de su hijo, que se informe a los compañeros de curso de la situación, la colaboración con el tutor e incluso la tutorización por parte de los propios compañeros de determinadas tareas escolares o asignaturas específicas. Los medios para no perder el contacto son variados, desde el uso de Internet, el correo electrónico, los vídeos, las cartas, la asistencia a los recreos e incluso a algunas clases.

Aitor Petralanda lleva diez años en el servicio en Vizcaya, es decir, desde que echó a andar. "El alumno es alumno de su centro de referencia y es éste el que marca el currículum, dónde hay que poner el énfasis y el que finalmente le examina", explica. En Secundaria se atienden tres grandes áreas: idiomas, ciencias (matemáticas, física y química) y sociales. No se trata de clases particulares. "La filosofía del servicio es ser una correa de distribución del centro. Se dan las clases como si el alumno estuviese en el colegio, con los mismos contenidos y se le dejan deberes".

Ciertas enfermedades tienen una influencia directa sobre el proceso de aprendizaje e inevitablemente disminuyen el rendimiento del alumno. Especialmente cuando se trata de casos de oncología. "Nuestra labor no es de terapeutas ni psicólogos ni padres espirituales. Somos profesionales de la enseñanza. Sabemos que al entrar en una casa el entorno te puede absorber si hay un diagnóstico con un pronóstico malo. Evidentemente, no somos de piedra, pero hay que ser un profesional. Si te dejas envolver por ese ambiente no vas a resolver de manera adecuada tu trabajo, vas a dejar de ser un profesor y eso no es bueno ni para el alumno ni para el docente".

Frente a la dilatada experiencia de Petralanda, Óscar Bernaola empezó en el servicio el pasado noviembre. "La experiencia me está resultando muy positiva. Al principio fue chocante, pero me he ido acostumbrando. Estás en contacto con varios centros, con varios profesores y con diferentes libros de texto al dar clase a varios niños el mismo día, a diferentes horas". Bernaola tiene adjudicados en este momento seis alumnos e imparte cuatro horas al día. En el caso de los alumnos de Infantil, lo habitual es darles una hora de clase al día, si son de Primaria el tiempo se eleva a la hora y media y cuando se trata de estudiantes de Secundaria y Bachillerato se llegan a las dos horas.

Luis Metola también lleva diez años de servicio. En su trayectoria ha visto patologías de todo tipo. "Hay casos de niños enfermos que duran más de un curso", dice. "Los centros hacen un esfuerzo para adaptarse a las circunstancias de los alumnos, seleccionando las asignaturas en las que nos tenemos que centrar los profesores de apoyo, que son las de mayor complejidad. Los chavales pueden seguir el hilo del curso, aunque deben hacer un esfuerzo importante". A los profesores que se les llama para el servicio tienen la posibilidad de no aceptarlo, por las razones que sean: porque no quieren usar su vehículo para desplazarse, porque les parece que se van a enfrentar a situaciones más o menos dramáticas. "Algunos de los casos no han acabado bien, pero eso está en la naturaleza del servicio. En general se consigue mantener el rendimiento del chaval", asegura.

Para Jon Kepa Bustindui este es el tercer curso. "Es muy reconfortante el trabajo porque ves como ayudas a un chaval cuando no sabe resolver el problema, ves el resultado inmediato".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de abril de 2006