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LA CRÓNICA

¿Programa, qué programa?

La izquierda política, todo ese surtido de siglas que bulle a babor del PSOE-PSPV, ha rebañado estos días una rara actualidad mediática a propósito de su eventual pacto, coalición o entesa con vistas a la próxima cita electoral, que serán los comicios autonómicos de 2007. Por el momento no se ha pasado de los escarceos y cautelas, propias de un ceremonial en el que han de concertarse muchos criterios, por más que cada uno de ellos, por sí solo, sirva de poco o de nada. Pero tal parece ser la metodología del acuerdo, más afín a la pericia del orfebre sin apremios que a la eficacia del pragmático que se echa en falta.

De ahí que nos haya resultado llamativa, por insólita y significativa, la decisión del Bloc Nacionalista de aceptar desde ahora mismo el programa que en su día formule Esquerra Unida (EU). Es un órdago que bien podría juzgarse una frivolidad, cuando a nuestro entender tal disponibilidad pone únicamente de relieve la prioridad del concierto, siendo así que las propuestas programáticas que se alumbren no podrán romper el molde del ecosocialismo en boga, con algún añadido marginal de utopismo o irrealidad. Su capacidad movilizadora o ilusionante no se decantará de la letra del discurso, tan previsible, sino de la unidad o concordia de la izquierda, que sería lo novedoso. No otra cosa, o eso entendemos, han querido proclamar Enric Morera y sus gentes.

Porque les conviene, se argüirá. Pues también. Los nacionalistas del Bloc aspiran legítimamente a tener su escaño en las Cortes valencianas, en las que, según los resultados de los últimos comicios, no están por dos décimas tan sólo, aunque en el ámbito municipal superen el fatídico listón del 5%. Una anomalía que, sin pactos ni acuerdos, bien podría corregirse en las próximas elecciones autonómicas si es verdad como aseguran que ha crecido extraordinariamente el conocimiento de sus siglas por parte del vecindario y mantienen -que eso es evidente- la cohesión del partido. Y no digamos si se alinease bajo ese banderín todo el nacionalismo disperso. Unas expectativas positivas que, precisamente por eso, acaso provoquen susceptibilidades en algún sector de EU. Es el envés del éxito.

Pero no es en clave de partido como habría de encarar la izquierda, o cualquiera de sus componentes, la cita electoral que nos ocupa, e incluso el futuro, sino en clave de país y en sintonía contra la inercia bipartidista que amenaza con barrer toda propuesta que no se reclame de centro derecha. Lo requiere, en primer lugar, el instinto de pervivencia política y, todo al tiempo, la posibilidad de que, por fin, el bloque progresista llegue a resultar insoslayable y hasta decisivo para el gobierno de la autonomía. Mero ensueño por ahora, pero está por verificarse cómo convulsiona estos pagos el llamado "efecto ZP", decimos de los desafíos singulares que ha acometido el presidente Zapatero -Irak, estatutos, ETA- y de su acogida por el electorado valenciano, tan dócil y sensible a los eventos estatales.

Ignoramos qué cálculos o augurios habrán hecho los especialistas en lances electorales, así como también estamos en blanco acerca de los últimos sondeos sobre las previsiones de voto. Quizá el PP continúe sólido y consiga mantenerse por encima del 44% del escrutinio. O sea, que seguiría al pescante del Gobierno. Lo cual, unido a que el PSPV no mueve todavía ficha, estando como está entregado a la Providencia, podría resultar disuasorio. Pero, en todo caso, no debe echarse en saco roto y a un año vista la posibilidad de que sea otro el panorama y la izquierda, sumadas todas sus fuerzas y sinergias, se constituya en una opción decisiva.

Si no se consigue, si la izquierda está todavía verde o tiene propensión suicida, que sea por otros motivos ajenos al programa. Tal pretexto nos evoca la prédica de Julio Anguita, tan alucinada, además de objetivamente rentable para la derecha. El mejor programa, como queda dicho más arriba, está ya escrito a golpe de ética y voluntad compartida de cambio. Lo importante es que lo asuma toda la izquierda sociológica y militante para consolidar un bloque parlamentario posible, creíble, identificable y distinto a esta salsa de letras tan mal trabada que perdura en precario.

ANTONIO PALOMARES

Para el próximo viernes está anunciado en Valencia un homenaje a Antonio Palomares (1930, El Robledo, Albacete). Su biografía política desborda con mucho los cargos y representaciones que desempeñó. Militante del PCE desde 1945, al tiempo que luchaba con la resistencia francesa contra los nazis, organizador del partido en España, diputado en Cortes españolas y autonómico, y primer secretario general del PCPV. Un personaje clave e imprescindible para conocer la lucha por la democracia en el País Valenciano. Desde la identificación o la discrepancia ha de reconocérsele la larga brega, la determinación política, la coherencia ideológica y la integridad moral. Confiamos en que no demore sus memorias, que dice estar trillando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de abril de 2006

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