Reportaje:

Juanola sale de la farmacia

La pastilla de regaliz empieza a venderse en quioscos y estancos al cumplir 100 años

Juanola ha pasado de ser una especialidad farmacéutica a un caramelo. Cuando Manuel Juanola inventó una pastilla de regaliz en forma de rombo en su botica del barrio barcelonés de Gràcia, en 1906, no imaginaba que en el siglo XXI se vendería en las 20.000 farmacias de España y generaría un negocio de seis millones de euros.

Cien años después, la empresa ha querido dar un paso más y acaba de comenzar a vender la marca en estancos, quioscos y gasolineras, lo que le permitirá duplicar sus ventas en cuatro años y plantar cara a firmas como Halls y Smint.

"Decidimos lanzar el producto fuera de la farmacia porque el público joven nos lo pedía, a ellos les gustan las Juanola y no suelen comprar en las farmacias", explica Xavier Sánchez, director de Farma Lepori, que es la compañía italiana propietaria de Juanola desde 1998. La medida representa ampliar en miles los puntos de venta de la marca, que se ha diversificado en los últimos años con la introducción de nuevos productos, como chicles y perlas balsámicas de sabores Juanola.

La Juanola tradicional nació en la botica de la esquina de la calle del Montseny con Menéndez Pelayo y estaba elaborada con regaliz, mentol, fécula de maíz, eucalipto y terpinol, aunque la familia fundadora y más tarde la compañía Lepori han guardado el secreto de su elaboración como si de la receta de Coca-Cola se tratase. Su forma de rombo es el elemento más característico y por ello el nuevo envase también es romboide.

En 1912 se registró como una especialidad farmacéutica para curar la tos, aclarar la voz y refrescar la boca, pero con el tiempo se ha revelado como uno de los productos "más sociales que hay en el mercado", apunta Xavier Sánchez. "Es difícil que alguien saque una caja de Juanola y no reparta a todo el mundo".

Las populares pastillas de regaliz se exportan a Portugal e Italia, y Farma Lepori quiere lanzarlas ahora al mercado de los países nórdicos. Francia queda excluida de este plan de expansión porque los franceses ya cuentan con su Juanola particular, un caramelo de regaliz tan longevo como el español y que se llama Cahou.

Es un paso más en un proceso de internacionalización que ha sido más bien tímido. El salto en volumen de producción, sin embargo, ha sido gigantesco. La farmacia del licenciado Juanola pasó de producir 100.000 pastillas en 1907 a convertirse en una pequeña factoría que no ha dejado de funcionar hasta finales de 2005, cuando se puso en marcha una nueva planta de Sant Quirze del Vallès con una inversión de tres millones de euros.

El año pasado se fabricaron 11 millones de cajas de Juanola y 600 millones de pastillas, y las ventas alcanzaron los seis millones de euros, con el objetivo de alcanzar los ocho millones este año y doblar la facturación en cuatro ejercicios.

Para lograrlo, la centenaria Juanola baraja varias recetas. Además de aprovechar los nuevos puntos de ventas fuera de las farmacias y el mercado internacional, la compañía estudia nuevas líneas de producto y no descarta que una nueva piruleta Juanola dé la campanada en el mercado de los caramelos para la tos de este siglo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 21 de marzo de 2006.

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