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Entrevista:Mijaíl Shishkin | MAPA DE LAS LETRAS RUSAS

"Ha surgido la tentación del 'best seller"

Cuatro de los escritores rusos más destacados retratan el presente de la literatura de su país a través de las siguientes preguntas: 1. ¿Existe una línea divisoria entre la literatura rusa actual y la literatura rusa de la época soviética? 2. ¿Cuál es la situación actual de la literatura rusa? 3. ¿Refleja la literatura la historia de Rusia y cómo lo hace?

Mijaíl Shishkin entró impetuosamente en la literatura rusa para convertirse de inmediato en una de sus principales figuras. Maestro eximio del idioma, desea "unir el amor a la palabra con el tradicional amor ruso hacia la persona, hacia el Akaki Akákievich gogoliano, al que probablemente no hay motivos para amar". "La palabra", dice Shishkin, "no es sólo el único medio sagrado de crear el mundo, sino también el único modo de superar la muerte". Por eso, explica, eligió como epígrafe de su última novela, El cabello de Venus, "porque con la palabra fue creado el mundo y con la palabra resucitaremos". "Hay que dar vida a las palabras, crear una realidad en la que no hay muerte, en la que todos podamos huir de Herodes".

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1. La línea divisoria pasa por todo el que se dice escritor, a través de su alma. En la literatura rusa se ha creado una situación única, antes inexistente. Los escritores rusos nunca habían dependido del lector. O salvaban las almas y escribían "para el cajón del escritorio", sin esperanzas de ser publicados ni de obtener honorarios por sus obras, o conscientemente vendían su alma al diablo y escribían sobre lo que deseaba el régimen y obtenía de éste coches y dachas. Aquellos escritores talentosos que trataban de caminar por la cuerda floja que pasaba en el límite de lo permitido por la censura -es decir, vender sólo un poquito de su alma- acababan pagándolo con su talento, como Yuri Trífonov. Es cruel, pero las reglas del juego eran claras. Ahora ha surgido la tentación del best seller. Y resultó que la dependencia de la tirada es tan fatal como la antigua dependencia del régimen. Para tener cada vez mayor cantidad de lectores -de clientes- el escritor debe rebajar su nivel. Pero uno no se puede decir: ahora terminaré rápido este estúpido libro, ganaré un montón de dinero con él, y entonces podré sentarme tranquilamente a escribir una auténtica gran novela. Eso no sucede. Cada cual evalúa el precio de su propia alma.

2-3. Rusia es un país que constantemente vive azotado por pandemias. Ya todos se ven contagiados por el virus de la revolución, ya todos empiezan a buscar a Dios, ya corren tras los dólares. La fiebre del oro de la literatura rusa -cuando cada uno de los escritores cree que puede encontrar una rica veta- pronto pasará para ser reemplazada por la producción industrial de best sellers. Pienso que el péndulo ya ha llegado a su punto más alto y que ahora comienza su movimiento en sentido contrario. El lector ruso -ilustrado, inteligente, indagador, que siente agudamente el mundo y el dolor- está ahí, sigue siendo el mismo. Continúa buscando el libro adecuado para él, el libro en el cual el autor no lo tomará por un idiota en busca de entretenimiento. No dudo de que pronto surgirán libros que devolverán al lector su dignidad humana. Ya están apareciendo, como la última obra de Maya Kucherskaya.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de febrero de 2006