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Crítica:ÓPERA | 'El holandés errante' | 250º ANIVERSARIO DE MOZART

Con mando en foso

No es El holandés errante una ópera fácil de montar. En parte porque su propuesta no acaba de resolverse del todo bien y las obsesiones wagnerianas que presenta están todavía en agraz, como el genio de su autor, y aunque se vislumbre ya el futuro, las pretensiones quieren ir más allá que su lenguaje. Por eso cuando miramos su música desde, por ejemplo, Weber, nos parece más brillante, más audaz que si lo hacemos desde los logros posteriores del propio Wagner. Para ponerla en pie, la Asociación Bilbaína de Amigos de la Opera (ABAO) -que dedicaba la función a la memoria de la gran Birgit Nilsson- contó con unos buenos mimbres que, juntos, han ofrecido un resultado muy satisfactorio. Artífice decisivo ha sido Juanjo Mena, con un trabajo espléndido, no sorprendente en la bien expuesta obertura pero sí a lo largo de un magnífico trabajo concertador durante toda la ópera, manteniendo la continuidad del drama, subrayando sus aspectos recurrentes y acompañando a los cantantes. Y siempre desde ese punto donde seguramente ha de situarse una lectura correcta de esta ópera, hablando desde su presente y mirando a su futuro, descubriendo con claridad sus mejores momentos. Sólo por El holandés errante no se puede calibrar el valor wagneriano de una batuta, pero sí intuir su capacidad para mandar en un foso, y Mena la ha demostrado con creces al frente de una excelente Orquesta Sinfónica de Bilbao.

El holandés errante

De Wagner. Reparto: Albert Dohmen, Eva Johansson, Hans Peter König, Jorma Silvasti, Ángel Pazos, Francisca Beaumont. Coro de Ópera de Bilbao. Coro Easo. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Escenografía: Mauro Carosi. Director musical: Juanjo Mena. Director de escena: Tobias Richter. Palacio Euskalduna. Bilbao, 27 de enero. Temporada de la ABAO.

La eficaz puesta en escena de Tobias Richter -procedente del teatro San Carlo de Nápoles- parte de la pintura de Caspar David Friedrich con fortuna varia -el retrato del holandés resulta ser El caminante ante el mar de niebla, que difícilmente puede mirar a Senta, pues está de espaldas- y, para los interiores, de la de Jacob Alt. Todo funciona con suficiencia, excepto un final sólo regular, en el que no hay esa transfiguración de los amantes que Wagner pedía. De un reparto muy homogénero destacó el Daland bien pegado a su ambición más elemental de Hans Peter König. Albert Dohmen fue un aseado holandés, poco impresionante en su destino trágico y cuyo monólogo estuvo mejor dicho que sentido. Eva Johansson es una Senta de voz menos carnosa que las grandes detentadoras de un papel que domina pero que parece empezar a plantearle algunos problemas. Jorma Silvasti es un Eric lírico, con recursos no siempre ortodoxos, pero que plantea con eficacia y buena línea. Francisca Beaumont y Ángel Pazos cumplieron notablemente como Mary y El Timonel.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de enero de 2006