Un millón de indecisos sentenciarán las presidenciales portuguesas

La izquierda confía en evitar el triunfo de Cavaco en la primera vuelta

Casi nueve millones de portugueses (aunque las encuestas prevén que votarán seis millones) están llamados mañana a las urnas para la primera vuelta de las séptimas elecciones presidenciales de la democracia. La izquierda, dividida en cinco candidatos, confía en evitar el triunfo por mayoría absoluta de Aníbal Cavaco Silva y en forzar una segunda vuelta, que podría celebrarse el 12 de febrero.

Pero no parece fácil, porque el ex primer ministro, de 66 años, resucitado para la política tras una ausencia de un decenio entre el entusiasmo de sus partidarios, cerró ayer la campaña muy destacado: entre el 49% y el 53% de intención de voto. La gran masa de indecisos, que según las encuestas oscila entre uno y dos millones de personas, en su mayoría votantes socialistas, será la clave de la votación.

El independiente Manuel Alegre, poeta, pescador, cazador y diputado socialista, de 69 años, es el mejor colocado para disputar esa hipotética segunda vuelta. El mensaje antipartidos, de limpieza y justicia lanzado por Alegre obtendría entre un 19% y un 16%, aunque su lucha con el ilustre octogenario Mário Soares, ex primer ministro, ex presidente y candidato oficial del Partido Socialista, que en una encuesta lograría el 16,9% y en otra el 15%, no está cerrada: cada uno se reparte un tercio del voto socialista.

La incógnita de esa lucha fratricida, que deberá ser resuelta por el tercio restante, ofrece una lectura endiablada para el partido del primer ministro, José Sócrates, que saldría mucho más airoso del envite si Cavaco (que ya ha declarado que colaborará con su política de ajuste) vence a la primera. En cambio, si Alegre, el hombre repudiado por el aparato, alcanza la segunda vuelta, es difícil vislumbrar la necesaria unidad del bloque anti-Cavaco.

Por detrás de los ex amigos socialistas se sitúan los tres candidatos de la izquierda radical: el comunista Jerónimo de Sousa, que llegaría al 7%; el líder del Bloco de Esquerda, Francisco Louçã (6%), y el outsider García Pereira (1%).

Buscando el crucial voto indeciso o abstencionista del centro izquierda, Cavaco trató de animar ayer en el Pabellón Atlántico de Lisboa a sus compatriotas, exhaustos tras casi dos meses de debates-monólogo y mítines sin contenido político, con un símil ciclista: "Es preciso que nadie se quede en casa y lleguemos a meta unidos en un pelotón compacto y solidario". El candidato del centro derecha, cuyo probable triunfo tendrá un perfil más rural que urbano, más anciano que joven y más del norte que del sur (el voto de menos edad es, paradójicamente o no, soarista), ha movilizado ya a 1,5 millones de electores de derecha más de los que votaron al PSD/CDS en las últimas legislativas de febrero. Así y todo, su ventaja ha menguado a razón de un punto diario, a pesar de que su campaña, diseñada por el mismo equipo que condujo a Sócrates a la mayoría socialista más holgada de la historia, ni contemplaba la posibilidad de la segunda vuelta.

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A medida que sus cifras bajaban, Cavaco ha añadido a sus ideas-fuerza (estabilidad institucional, unidad frente a la crisis, coraje, trabajo, solidaridad...) las apelaciones a que Portugal necesita un presidente fuerte.

Cavaco saluda durante un mitin que celebró ayer en el centro de Lisboa.
Cavaco saluda durante un mitin que celebró ayer en el centro de Lisboa.AP

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 20 de enero de 2006.

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