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Crónica:FÚTBOL | 19ª jornada de Liga

El mejor Madrid en mucho tiempo

Guti, autor de un gol, emerge ante el Sevilla mientras Zidane, que marcó tres, reclama a voces la posición de media punta

Guti y Zidane encabezaron al mejor Madrid de los últimos meses, un equipo que tenía a su gente desesperada con un fútbol de medio pelo. Se habían manifestado algunas señales optimistas, pero la realidad todavía pesaba demasiado. El Madrid no había logrado imponerse a ninguno de los ocho primeros equipos de la Liga. Llegó el Sevilla y se resolvieron las dudas. El Madrid venció con un juego rápido, brillante a veces, con una autoridad indiscutible de sus centrocampistas y una participación constante de Cicinho en la banda derecha. Guti emergió sobre todos para completar una actuación formidable, coronada con el imposible taconazo que precedió al tercer tanto. Lo marcó Zidane, recuperado para la causa del fútbol tras una larguísima crisis. Anotó tres goles y reclamó a voces la posición que le corresponde: la media punta.

REAL MADRID 4 SEVILLA 2

Real Madrid: Casillas; Cicinho, Sergio Ramos, Mejía, Roberto Carlos (Raúl Bravo, m. 68); Gravesen (Soldado, m. 80), Guti; Beckham, Zidane, Robinho; y Baptista.

Sevilla: Palop; Alves, Ocio, Dragutinovic, David; Martí, Maresca; Navas (Kepa, m. 87), Fabiano (Jordi, m. 81), Adriano (Jesuli, m. 64); y Kanouté.

Goles: 1-0. M. 7. Guti remata desde el punto de penalti un centro de Zidane. 1-1. M. 51. Luis Fabiano, tras rechace de Casillas. 2-1. M. 58. Zidane, de penalti. 3-1. M. 60. Espectacular taconazo de Guti y Zidane fusila por la escuadra. 3-2. M. 85. Rechace de Casillas y Ocio marca. 4-2. M. 94. Zidane, tras pase de Guti.

Árbitro: Puentes Leira. Amonestó a Mejía y Luis Fabiano.

Unos 70.000 espectadores en el Bernabéu.

Los apuntes de recuperación del Madrid se concretaron muy pronto. Después de un largo periodo de fútbol cansino, el equipo se ha activado en casi todos los aspectos. También en su velocidad. No sólo para mover la pelota, sino para cumplir los deberes básicos defensivos. La gente se mueve, y lo hace con bastante energía. El ingreso de jugadores jóvenes tiene bastante que ver en la progresión. El regreso de algunos veteranos a sus posiciones naturales, también. En su posición de interior, Beckham parece liberado. Está en el sitio que conoce perfectamente, la posición desde la que puede aprovechar aquello que le distingue: su excepcional pie derecho. Si además el juego cobra velocidad, el día es lluvioso y el césped parece casi un espejo, Beckham se siente como en Manchester. Es otro futbolista. Uno bastante mejor que el centrocampista obligado a ejercer funciones que ni sabe ni le gustan. Beckham fue uno de los beneficiados del rejuvenecido Madrid, lo mismo que Zidane, menos atento a las obligaciones defensivas y más pendiente de manifestar su clase cerca del área. De una de sus primeras intervenciones llegó el primer tanto, coronado por Guti con una magnífica volea.

Los progresos del Madrid coincidieron con la tímida aparición del Sevilla. Es lo que menos se espera de un equipo que pasa por áspero y competitivo. Lo demostró después, pero durante un buen rato apenas fue el espectador del buen juego del Madrid, en el que hubo novedades. Cicinho fue titular en el lateral derecho. Excelente debut, por cierto. Recorrió incansable el carril, con decisión y buenas maneras. Por lo que parece, pertenece a la mejor estirpe de laterales brasileños, incomparables cuando toman la banda al asalto. Durante años, el arma más letal del Madrid ha sido el imperial dominio de Roberto Carlos en la izquierda. Sus concesiones defensivas no significaban nada en comparación con el poderío de sus incursiones. Era un ventilador constante y un problema indescifrable para los rivales. Cicinho hizo la misma función frente al Sevilla, pero por el otro lado. De tranco pequeño, Cicinho es un molinillo que no descansa, con una particularidad: sabe lo que hace con la pelota. Quiebra, amaga, mira y la coloca con precisión. Fue la mejor noticia para el Madrid, que añadió otra virtud en un partido que se le complicó en el segundo tiempo. El Madrid tuvo presencia de ánimo y remontó.

El Sevilla estuvo por debajo de las previsiones durante casi todo el encuentro. No jugó mal. Ni bien. Tuvo algunas oportunidades, apuntó peligro en las poderosas carreras de Luis Fabiano y Kanouté, empató en un momento crucial del encuentro y estrelló dos remates en los palos. Hasta apuró al Madrid en los diez últimos minutos, tras el gol de Aitor Ocio. Pero casi siempre fue inferior. Sufrió un grave problema en el medio campo, donde Marescha y Martí no encontraban la manera de taponar la sangría. Se sintieron aislados frente a la marea de centrocampistas del Madrid, apoyados por los laterales. Para un equipo que tantas veces se ha quebrado por el medio, el partido fue una demostración palmaria de lo que significa el dominio absoluto en una zona capital del campo. Con Gravesen, Guti, Zidane, Beckham y Cicinho -todos en su sitio natural, menos Gravesen, un disperso voluntarioso que trata de oficiar de medio centro-, el Madrid ganó el encuentro con rápidos pases y constantes llegadas por las bandas.

Al Sevilla le faltó peso en los extremos. Jesús Navas sólo manifestó su enorme habilidad en una gran jugada en el segundo tiempo. Adriano, ni eso. Fue arrollado por Cicinho y por su extraña tendencia al resbalón. Se fue al suelo en cada jugada. Sin embargo, Luis Fabiano y Kanouté dieron numerosos problemas a los centrales. Futbolistas muy potentes, de zancada larga, inteligentes para sacar partido del corpachón, mantuvieron un intenso duelo con Sergio Ramos y Mejías, que se ganaron el sueldo. No ocurrió lo mismo en el área contraria. Baptista pasó desapercibido como delantero centro. Por curioso que parezca, el Madrid no necesitó de un ariete para imponerse. Se encargaron los centrocampistas, encabezados por Guti y Zidane, impecables toda la noche. A Zidane le había quedado muy lejos la portería en los dos últimos años, en parte por su declive físico y también por una ubicación que le incomodaba. Ha sido uno de los grandes perjudicados de la proliferación de medias puntas. Frente al Sevilla jugó por detrás de Baptista, recorrió menos metros y completó su mejor actuación en mucho tiempo. Marcó tres goles, que no es poca cosa, pero su excelente partido se debió en gran medida a la contribución de Guti, convertido en estrella del equipo en el último mes. Guti fue un reloj en los pases cortos y un cuchillo en los que filtró a Zidane. Su sublime taconazo a Zidane en el tercer gol -de espaldas a la portería, con un toque fuerte y preciso- corresponde a un artista del fútbol. Fue la obra cumbre de Guti en su gran partido, uno que devolvió el entusiasmo a una hinchada que por fin disfrutó con el fútbol de su equipo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de enero de 2006