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ELECCIONES EN CHILE

La izquierda chilena baja en los sondeos de las presidenciales

La derecha no vinculada a la dictadura crece y aspira a forzar una segunda vuelta en enero

Jorge Marirrodriga

Con la calculadora en la mano. Así viven las últimas jornadas previas a las elecciones presidenciales del domingo los equipos de los tres principales candidatos ante las previsiones de las encuestas. Los números han pasado de mostrar hace unos meses una rotunda victoria de la socialista Michelle Bachelet -candidata de la Concertación, la alianza de centro-izquierda entre socialistas y democristianos- a vaticinar los que tal vez sean los comicios más disputados desde la restauración de la democracia, en 1990.

Bachelet ha dado más protagonismo a los democristianos para contrarrestar a Piñera

"Nunca hay que dar por ganada una elección", señala el veterano senador socialista José Antonio Viera Gallo, quien fuera subsecretario de Justicia con Salvador Allende y presidente de la Cámara de Diputados entre 1991 y 1993. Viera Gallo advierte para la segunda vuelta: "Cuando la derecha ve la posibilidad de alcanzar el poder deja de lado sus diferencias".

En las filas de la Concertación existe preocupación por la tendencia de los sondeos, que desde octubre revelan un retroceso de Bachelet y en algunos de ellos, como el que difundió ayer el Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea, otorgan un empate entre la suma de los dos partidos de la derecha y Bachelet.

Ese resultado podría hacer necesaria una segunda ronda, que se celebraría el próximo 15 de enero. Si se produjera esa situación, se disputarían los votos de la derecha el opositor a Pinochet Sebastián Piñera y el también derechista Joaquín Lavín.

Para ganar más electores del centroderecha, mientras Bachelet ha seguido insistiendo en sus propuestas de igualdad social, progreso en la educación y mejor distribución de la riqueza, sus asesores han decidido dar mayor protagonismo a la Democracia Cristiana, que a pesar de ser el socio mayoritario de la Concertación ha visto cómo a un presidente socialista, Ricardo Lagos, le sustituye al frente de la lista una candidata del mismo signo. La ex ministra de Exteriores y rival de Bachelet por la candidatura presidencial, Soledad Alvear, ha tomado un mayor protagonismo en la campaña. En paralelo, Bachelet ha recurrido al tirón de Lagos. No en vano es el presidente que deja el cargo con el mayor índice de popularidad en la historia de Chile. "Soy la continuidad y el cambio", ha subrayado la candidata de la Concertación.

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El recurso a la Democracia Cristiana tiene otro objetivo. La irrupción en la carrera presidencial del líder de Renovación Nacional, Sebastián Piñera, supone un problema para los estrategas de la Concertación. Piñera, un empresario de éxito, ocupa el espacio de la derecha que no echa de menos al régimen de Pinochet. Él mismo salió a las calles en 1988 pidiendo el no al proyecto del dictador para seguir en el poder hasta 1997. Con unas propuestas basadas sobre todo en la creación de empleo -Chile tiene una tasa de desempleo del 8%- y reconociendo los logros de la Administración de Lagos, Piñera aspira a conquistar el centro del espectro político y ahí puede beneficiarse de un trasvase de votos de sectores democristianos que en las pasadas elecciones apoyaron a un candidato socialista, Lagos, para no votar Lavín, cuya imagen se asociaba con Pinochet. Esos mismos sectores, al estar en la Concertación, deberían apoyar en principio a la socialista Bachelet, pero ahora tienen otra opción no vinculada a la dictadura.

En los sondeos Piñera ha ido subiendo del 16% al 25% -marcha en segunda posición-, aunque sus asesores saben que la batalla en la primera vuelta no es contra la candidata socialista sino contra el líder de la Unión Demócrata Independiente (UDI), la principal fuerza política en el fragmentado panorama chileno liderada por Lavín, ex alcalde de Santiago que perdió las pasadas presidenciales con Lagos por poca diferencia y que en estos años ha tratado de cambiar su imagen ligada al ex dictador con un intenso trabajo entre las clases más desfavorecidas del país.

Aunque ha centrado su discurso en la inseguridad -la percepción de su aumento preocupa a la ciudadanía- también propone pensiones de jubilación para las amas de casa o la creación de bancos específicos para que la población que vive en la pobreza pueda acceder a créditos especiales. Las encuestas le otorgan un 21%, por debajo de Piñera, a quien ha ofrecido insistentemente un pacto de mutuo apoyo para quien pase a la segunda vuelta. "Si fuera presidente me encantaría contar con Piñera como ministro", aseguraba Lavín el miércoles.

El cuarto en discordia es el izquierdista Tomás Hirsch, un fundador de la Concertación que ahora encabeza la coalición entre comunistas y el Partido Humanista denominada Juntos Podemos Más. Aunque en las municipales de 2004 obtuvo casi un 10% de los votos, las encuestas apenas le otorgan en torno a un 3%, pero puede perjudicar a Bachelet quitándole votos por la izquierda.

"Por primera vez la derecha acude a estas elecciones dividida", subraya Viera Gallo, quien advierte de que las encuestas se centran en el voto urbano y se olvidan del voto rural, que representa un 19% del censo. "La gente que cabe en un estadio es la que va a decidir al final el resultado", vaticina.

El candidato Sebastián Piñera y su esposa, en un acto electoral.
El candidato Sebastián Piñera y su esposa, en un acto electoral.REUTERS

Sobre la firma

Jorge Marirrodriga
Doctor en Comunicación por la Universidad San Pablo CEU y licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra. Tras ejercer en Italia y Bélgica en 1996 se incorporó a EL PAÍS. Ha sido enviado especial a Kosovo, Gaza, Irak y Afganistán. Entre 2004 y 2008 fue corresponsal en Buenos Aires. Desde 2014 es editorialista especializado internacional.

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