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El 75% de los usuarios de la 'narcosala' de Vall d'Hebron son vecinos del distrito

El centro de ayuda a los toxicómanos atiende ya a unas 75 personas desde finales de julio

Tres de cada cuatro personas que utilizan la narcosala de Vall d'Hebron residen en el distrito de Horta-Guinardó. Así lo reveló ayer la presidenta de la Agencia de Salud Pública del Ayuntamiento de Barcelona, Imma Mayol. La también teniente de alcalde desmontaba así uno de los argumentos reiterados por los vecinos que se oponen a este centro de ayuda a los toxicómanos: que en el barrio de Vall d'Hebron no existe un problema de adicción a las drogas. Tanto el Ayuntamiento como la Generalitat reprocharon la actitud de los vecinos, que el miércoles cortaron por enésima vez la Ronda de Dalt.

"Desde los años ochenta, Vall d'Hebron ha sido una zona muy afectada por el consumo de heroína y cocaína", explicó ayer el coordinador de la polémica narcosala, Marc Rovira. "El problema es que antes estos toxicómanos estaban desplazados a otros centros, en Sant Andreu y Nou Barris, y ahora están en su barrio de origen", explicó. Rovira aseguró que desde su apertura, a finales de julio, la instalación atiende "a unos 75 usuarios", una cifra confirmada por Imma Mayol.

De estas 75 personas, sólo una tercera parte, unas 25, utilizan la sala de venopunción asistida, un recinto en el que, con la ayuda de enfermeros y educadores sociales, los toxicómanos se inyectan la droga en condiciones higiénicas. Este espacio es el que genera mayor rechazo entre los vecinos contrarios a la narcosala. Temen que el centro sea un imán para drogadictos de otras partes de la ciudad y que en sus alrededores se dispare la venta de opiáceos.

A juicio de Irene, una de las educadoras sociales que trabajan en el centro, es un argumento falso porque "ya hay camellos en el barrio" y éstos poseen su cartera fija de clientes. "Además, quien compra droga lo hace para consumirla al momento, no se desplaza a otro lugar", agregó. De hecho, el 25% de los usuarios -los que no son del distrito de Horta-Guinardó- utilizan la narcosala de Vall d'Hebron por dos motivos: bien porque son derivados de urgencias hospitalarias, bien porque son trasladados desde otros centros de Barcelona que están saturados y no pueden atender la demanda.

Pese a estos datos, los vecinos proseguían ayer con sus protestas en las inmediaciones de la narcosala, un pequeño módulo prefabricado en el interior del recinto hospitalario de Vall d'Hebron. Con pancartas en las que exigían que su barrio no se convierta en "Vall de Bronx", un número reducido de vecinos se dedicó a recoger firmas durante todo el día.

Por la mañana, uno de ellos increpó a un joven de largas melenas que se dirigía a recoger su dosis periódica de metadona, un tipo de heroína sintética medicinal que "quita el mono, pero tiene la ventaja de que no coloca", explicó Irene. La ingestión de metadona evita, además, que los drogadictos tengan que usar la jeringuilla. "¿Qué, ya vas a meterte un pico?", le increpó el vecino. El joven se volvió y se encaró con los vecinos. "Mi cuñado y mucha gente del barrio han muerto por no tener un sitio como éste", espetó indignado. Los trabajadores salieron de la narcosala y evitaron que el incidente llegase a mayores.El enfrentamiento verbal que se vivió ayer en los alrededores de la narcosala es un reflejo de la tensión que existe en Vall d'Hebron en torno a este servicio municipal. "Los vecinos suelen increpar no sólo a los usuarios, sino también a los que trabajamos aquí", explicó Marc Rovira. El coordinador del centro lamentó que, de esta forma, los pacientes "pierden confidencialidad" y se mostró "abierto" al diálogo con los vecinos, con los que, según dijo, ya ha mantenido varias entrevistas.

Lejos de apaciguarse, los ánimos volvieron a encenderse el miércoles por la noche. Por vigesimosegunda vez desde junio, un grupo de vecinos cortó la Ronda de Dalt e impidió la circulación de vehículos. En esta ocasión, los responsables políticos tanto del Ayuntamiento de Barcelona como de la Generalitat fueron tajantes al poner calificativos a esta acción.

La consejera de Interior, Montserrat Tura, consideró el corte de la carretera como un acto de "vandalismo" e invitó a quienes participaron a "reflexionar" sobre una actitud que calificó de "inadmisible" e "impropia del movimiento vecinal". El departamento que dirige Tura ya ha abierto cuatro expedientes contra los organizadores. En términos similares se expresó el alcalde de la ciudad, Joan Clos, quien aseguró que el derecho de los vecinos a manifestarse "no justifica" este tipo de actividades.

Clos defendió tanto la narcosala de Vall d'Hebron, que seguirá en funcionamiento pese a las protestas de los vecinos, como el resto de las salas de venopunción. "No renunciaremos a atender a las personas que lo necesitan", dijo. El alcalde pidió "comprensión" y se comprometió a "garantizar" que este tipo de instalaciones "no perjudiquen al vecindario".

Café y psicólogos

Actualmente, existen en Barcelona otras tres salas donde los toxicómanos pueden administrarse la droga con jeringuillas y tiras de goma limpias: el centro de la Cruz Roja y la Sala Baluard, en Ciutat Vella, y un local móvil, conocido como El Bus, ubicado en la Zona Franca. Dentro del programa de "disminución de riesgos", estos centros suelen incorporar un espacio para curas, un servicio de duchas e incluso, como en el caso de Vall d'Hebron, una pequeña sala donde los drogadictos pueden tomar café y conversar con los psicólogos y educadores sociales. La singularidad de Vall d'Hebron es que aúna, en un solo espacio, la sala de venopunción y un centro de atención y seguimiento de la drogodependencia, de los que hay 14 en Barcelona.

La tercera teniente de alcalde, Imma Mayol, fue más allá que Clos y apostó por crear más narcosalas en la ciudad y ampliar la de la Sala Baluard, que se encuentra al borde del colapso. Mayol instó a los Mossos d'Esquadra a impedir un nuevo corte de la Ronda de Dalt. La teniente de alclade afirmó que los vecinos que el miércoles cortaron el tráfico son "una minoría" y se mostró confiada en cerrar "pronto" un acuerdo de negociación con "la mayoría". Según Mayol, este sector de los vecinos estaría dispuesto a aceptar la narcosala si se sitúa un poco más hacie el interior del complejo sanitario. Además, apuntan otra condición: que se instalen más salas de venopunción en Barcelona.

La oposición municipal, formada por CiU y el PP, también criticó a los vecinos, aunque con matices. El convergente Xavier Trias exigió a Clos que ejerza de "mediador" en el conflicto, y el popular Alberto Fernández Díaz pidió que se "paralice" el funcionamiento de las narcosalas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de noviembre de 2005