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Homenaje a Feliciano Fidalgo, un espíritu libre

A los seis años de su muerte, un grupo de amigos ha querido recordar en Madrid a Feliciano Fidalgo como periodista de raza y ser lo auténtico que fue, con una perpetua ansia de libertad. Celia, Clara y Agapito, los tres hermanos del periodista de Tremor de Arriba, recogieron de manos del cantautor Amancio Prada una castaña de oro encastrada en una madera del árbol madre, de 500 años, algo de la tierra de Feliciano, que José Luis Prada, singular autodidacto de la restauración en El Bierzo, ha convertido en premio para destacar a los bercianos que pasean su interesante personalidad por el mundo.

El galardón póstumo puede simbolizar a la perfección la naturaleza de Fidalgo, un personaje de su tierra que nunca olvidó, un ciudadano del mundo nada artificial, simpático, divertido, entrañable, fiel a sus convicciones y con un corazón tan grande que jamás antes de su muerte había fallado para todos aquellos a los que consideraba amigos. Feliciano perteneció al equipo fundacional de EL PAÍS, y en este periódico que era su casa y sus compañeros, su familia, siguió hasta su muerte. Entre sus amigos de verdad se contaban Juan Luis Cebrián, Sol Gallego, Daniel Gavela, Félix Monteira, Francisco G. Basterra, Juan Cruz, Ángel Luis de la Calle, Jesús Rodríguez y tantos otros que han querido sumarse a este reconocimiento público. Al acto, celebrado en el local de Prada a Tope de la calle de El Príncipe, acudieron también Luis del Olmo, Concha García Campoy y más amigos de El Bierzo y León. El periodista Daniel Gavela relató de forma espontánea cómo conoció a Fidalgo, primero a través de sus artículos en el Ya; después descubrió que era del Bierzo como él; más tarde su poesía, su oficio... "Tenía ojo de relojero para ver pepitas de oro en un mundo anodino...". ... "Dentro de las entrevistas de Feliciano en la última página siempre había una pregunta y una respuesta que justificaba la entrevista".

Feliciano observaba y luego lo contaba como nadie lo hacía. Vivió la vida intensamente. Escribió de política, de la sociedad, pero también de algo que le divertía, de la auténtica gastronomía, del vino. Era un sibarita de las tradiciones culinarias, incluidas las de su tierra, que supo mezclar, sin fallar, con manjares milenarios. Quizá fue el primero que tomó botillo y cecina con champán. Supo sacar fuera lo mejor de El Bierzo, y así se le reconoce. Su lección sobre el periodismo, la amistad y la vida ha quedado aprendida para siempre.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de noviembre de 2005