Columna
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Rajoy tiene la llave

El PP, es decir, Rajoy, viene acusando al presidente del Gobierno de querer romper España, de que no tiene proyecto de Estado. Por su parte, Esperanza Aguirre, le reprocha que "España está sumida en la mayor crisis institucional desde la Transición". ¡Vaya por Dios! Y todo por la tramitación del estatuto catalán. Zapatero les responde que su proyecto de Estado es la Constitución. Y añade: "Habrá Estatuto. España no se habrá roto y se verá que han vuelto a mentir". Y añade: "La soberanía reside en el pueblo español representado en las Cortes", que es quien decidirá. Son palabras muy puestas en razón. España no se va a romper y el Estatuto catalán se está tramitando según manda la Constitución. Es el señor Rajoy quien no ha querido seguir por "la senda constitucional". No ha querido participar en la tramitación del Estatuto. Excusa: que el texto remitido por el Parlament catalán vulnera la Constitución. Pues para eso están las Cortes Españolas, para impedirlo. Y si, como he dicho en otra ocasión, el PP no consigue con sus enmiendas corregir la inconstitucionalidad del texto, y este resulta aprobado con visos de inconstitucionalidad, el PP, es decir, Rajoy, puede presentar el correspondiente recurso ante el Tribunal Constitucional. Y este decidirá sobre la constitucionalidad o no del Estatuto. Tiene diputados de sobra para hacerlo. No hacía falta atemorizar a los ciudadanos con soflamas apocalípticas. El PP, es decir, Rajoy, tiene en sus manos la posibilidad, si el Constitucional dictamina que el Estatuto no se ajusta a lo que prescribe la Carta Magna, de que el mismo sea devuelto al Parlament para su reforma. En caso contrario, el Estatuto entrará en vigor con todas las bendiciones. ¿A qué vienen tantos aspavientos, tanto alboroto, tantas alharacas y exageraciones con el fin de manipular a la opinión pública? Si el Estatuto, por su inconstitucionalidad, viene a romper España, y a traernos a los pobrecitos ciudadanos todo un cúmulo de desgracias, Rajoy tiene en sus manos la llave para impedirlo. No meta miedo al contribuyente. No haga el ridículo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 10 de noviembre de 2005.