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Entrevista:ENRIQUE IGLESIAS | Secretario general iberoamericano

"Hay que aprovechar la bonanza económica para legitimar la democracia"

Enrique Iglesias culmina una larga carrera dedicada a América Latina con un nuevo reto. Tras 35 años en instituciones como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) o el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), ha aceptado la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB), el nuevo órgano que debuta esta semana en Salamanca para revitalizar y consolidar el sistema de las cumbres entre los países hispanos y lusófonos de ambos lados del Atlántico.

Progresista sin afiliación política, tan alabado estos días por el PP como por el PSOE, Iglesias está llamado a dar rostro y voz en el mundo a una comunidad de fuertes raíces históricas y culturales, pero de una gran diversidad entre los países que la componen. Ante esta tarea, el flamante secretario general iberoamericano, de 74 años, se muestra eminentemente prudente.

"Para ser populista, hay que pagar el coste, y los Gobiernos latinoamericanos respetan como nunca los equilibrios fiscales"

"Las cumbres iberoamericanas sirven para mejorar nuestra capacidad de navegar en el mundo globalizado"

Pregunta. Tras más de una década de crecimiento, vuelve la inestabilidad a América Latina. ¿Es una crisis de crecimiento o el fracaso de un modelo?

Respuesta. Vayamos por partes. Lo primero es que estamos en un periodo de bonanza general en América Latina, por la fuerza de dos elementos: una coyuntura internacional favorable que tiene que ver con la demanda asiática de nuestras materias primas; y en segundo lugar, que los países han aprendido a manejar su macroeconomía. A corto plazo, las perspectivas económicas de América Latina son favorables. En el plano político, ciertamente que hay problemas en varios países, pero lo importante es que la democracia funciona. Lo que no funciona es que mantenemos una situación de pobreza y de exclusión que realmente es un serio problema incluso para la propia legitimidad de la democracia. El tema es cómo se hace para aprovechar esta bonanza para hacer lo que tenemos que hacer, y ver si el mayor crecimiento nos permite mejorar los dividendos sociales que permitan, a su vez, legitimar la democracia.

P. Las causas últimas de esa pobreza son conocidas y antiguas: hay corrupción, injusticia fiscal, falta de sentido de Estado. ¿Ve usted algún esfuerzo por superarlas?

R. Todo eso es así. Pero creo que hoy tenemos gobiernos que son mucho más sensibles a evitar el péndulo en el que hemos caído siempre: o mucho mercado o mucho Estado. Hoy todo el mundo es consciente de que se precisa mucho mercado, pero también mejor Estado que el que tenemos. La gran reforma pendiente en América Latina es la reforma del Estado.

P. Estos problemas y estas reformas, ¿se resuelven con cooperación al desarrollo o con determinación política?

R. No, mire usted. El desarrollo no se resuelve de afuera, se resuelve desde dentro, a partir de una agenda doméstica, que puede ser apoyada y mejorada con la cooperación internacional. Si nos pagaran mejor las materias primas, si no hubiera proteccionismo tendríamos una situación mucho mejor y podríamos resolver mucho mejor nuestros problemas sociales.

P. ¿Ve el populismo como una realidad que contamina ya la evolución latinoamericana?

R. El populismo siempre está presente en toda acción de Gobierno, pero los gobiernos son mucho más conscientes que nunca de que, para ser populista, hay que poder pagar el coste del populismo, y los gobiernos saben muy bien, ya que cualquier exceso de gasto va a terminar en inflación y crisis de balanza de pagos. Yo creo que hoy hay un respeto por los equilibrios fiscales como no se había conocido nunca en América Latina.

P. ¿Para qué pueden servir las cumbres iberoamericanas?

R. Las cumbres iberoamericanas responden a una realidad que existe hoy en el mundo. Por una parte, está el avance de la globalización, con grandes oportunidades y riesgos. Por otra, hay un movimiento hacia el vecindario, hacia la comunidad de naciones que juntas se defienden mejor de la globalización. Yo creo que estas cumbres son una manera de mejorar nuestra capacidad de navegar en el mundo globalizado, desde un barrio que está formado fundamentalmente por historia, por tradiciones, por lengua y valores compartidos.

P. Uno de los sucesos más relevantes de los últimos años ha sido la emergencia del indigenismo. ¿No es extraño que las cumbres apenas lo hayan tocado?

R. Bueno, no es tan así. En el año 1991, al concluir la Cumbre de Guadalajara, se aprobó la creación del Fondo Indigenista, que está funcionando y forma parte de uno de los programas que apoya la secretaría de las cumbres. Ahora, yo creo que hay que hacer más con las comunidades indígenas y con las comunidades afroamericanas, porque hay una gran deuda de la comunidad iberoamericana en esos dos frentes.

P. Como secretario general iberoamericano, usted es la gran novedad de la Cumbre de Salamanca. ¿Tiene claro ya el camino para pasar de la retórica a la acción?

R. Lo más importante de la creación de esta secretaría general es darle una base institucional a la comunidad iberoamericana, que tiene en las cumbres su punto más alto de expresión. La secretaría debe servir a la comunidad como un todo, a partir del reconocimiento de que hay diversidad de modelos económicos y políticos, de que es importante que la agenda sea percibida como un producto de la totalidad de los países. Cualquier tipo de tentación hegemónica sería muy negativa para estos propósitos.

P. Usted es consciente de que no todos los 22 le quieren igual, de que algunos le temen como un posible censor.

R. Naturalmente, pero yo creo que la secretaría no somos los tribunales para juzgar la política de los gobiernos. Nuestra función es trabajar en las cosas que unen y de las que se pueden sacar dividendos para todos.

P. ¿Podría mediar en los conflictos planteados, por ejemplo, entre Venezuela y Colombia o entre Bolivia y Chile?

R. En todos esos campos, quien tiene que tener la palabra, en primer lugar, son los jefes de Estado y Gobierno. Ellos deben saber si hay algún quehacer para la secretaría general. Anticipar una cosa así en hipótesis, no sería bueno en este momento.

P. ¿Y cree que le tocará llamar la atención sobre las situaciones que amenacen con desbordar el marco de la democracia?

R. Nuevamente, yo creo que en esos casos el diálogo con los gobiernos es muy importante. Nosotros somos una secretaría de jefes de Estado y, por tanto, tenemos que interpretar cómo ven ellos la acción de la secretaría. Estamos dispuestos a ayudar, pero yo creo que tenemos que ir con prudencia.

P. ¿Cree posible representar en el mundo a una comunidad tan políticamente diversa como es la iberoamericana?

R. No es menos diversa que otros colectivos. Mire usted la diversidad que hay entre los países de la APEC [el foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico], por ejemplo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005