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El Archivo de Álava presenta la mejor colección de ediciones ilustradas del 'Quijote'

La muestra recoge grabados de 38 volúmenes publicados entre los siglos XVII y XIX

Se considera al artista francés del siglo XIX Gustavo Doré como el ilustrador por excelencia del Quijote, pero la obra maestra de Cervantes tuvo intérpretes en el grabado mucho antes, ya desde pocos decenios después de su publicación. El Archivo del Territorio Histórico de Álava presenta hasta finales de noviembre una exposición de volúmenes de los siglos XVII al XIX que recogen en sus páginas interpretaciones gráficas de las aventuras del hidalgo manchego. Los ejemplares de la que está considerada la mejor colección de España de ediciones ilustradas clásicas de la novela proceden casi en su totalidad de los fondos de la biblioteca del Seminario de Vitoria.

Libros ilustrados del Quijote supone la aportación de la Diputación alavesa a la conmemoración del cuarto centenario de la publicación de la primera parte de la obra de Cervantes. La exposición nació casi por casualidad a partir de una investigación que comenzó hace medio año Laurentino Aliende, profesor de Grabado en la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria, en la biblioteca del Seminario. Sin intenciones previas, descubrió un tesoro desconocido para los especialistas y, por supuesto, para el público en general. Así comenzó a pergeñarse esta muestra.

La exposición se ha planteado con una clara intención didáctica. A partir de la reproducción de un mapa español de Tomás López de 1780 a lo largo de las paredes de la sala se recrean las salidas del hidalgo Alonso Quijano por las tierras de España, ilustrándolas con los grabados de los 38 volúmenes exhibidos. El Archivo no sólo ha cuidado el montaje, muy meticuloso, sino que también puede enorgullecerse de su aportación bibliográfica. El único volumen procedente de su biblioteca corresponde a la primera edición ilustrada que se publicó en España, de 1674, con dibujos de Diego de Obregón. La gloria en Europa se la lleva una edición parisina de 1618, cuya portada recrea por vez primera las figuras de Don Quijote y Sancho.

La muestra cuenta con más joyas escondidas, como la edición de la Academia Española de 1780 impresa por el reputado Joaquín Ibarra en Madrid, considerada como el mejor de los Quijotes publicados hasta entonces, de la que apenas sobrevive media docena de ejemplares. Uno de ellos descansaba en la biblioteca del Seminario vitoriano, al igual que un volumen de 1697 realizado en Amberes que bebe directamente de la edición de 1657 ilustrada por Jacobus Savry, impresa en Dordrecht (Holanda), primera ocasión en que la novela se publicó con grabados.

Intención pedagógica

La relevancia de la muestra se refleja en el correspondiente catálogo, con una introducción del jefe de la sección de Dibujos y Grabados del Museo del Prado, José Manuel Matilla, uno de los principales expertos en su campo, responsable de la reciente exposición de Durero en la pinacoteca madrileña. También escriben los catedráticos de la UPV Jesús María González de Zárate y Ricardo Ciérbide; Ángel Ibisate, de la Biblioteca del Seminario, y el director del Museo de Armería, José Egia.

La aportación de éste último atiende a las armas dibujadas en la edición de Ibarra de 1780, algunas de ellas presentes en la exposición. La voluntad de este proyecto, en el que se ha interesado el Instituto Cervantes para presentarlo en su sede de Alcalá de Henares, es, sobre todo, pedagógica, como lo demuestra que ya antes de su inauguración se hayan inscrito más de 1.000 escolares para participar en las visitas guiadas.

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