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COLUMNA

Al ataque

El campeonato del mundo de fórmula 1 está en un momento crucial. Fernando Alonso cuenta con una nueva oportunidad de proclamarse campeón del mundo y creo que está en unas condiciones excelentes para poder aprovecharla, y más desde la pole-position. Los tiempos de los etrenamientos, tanto los del viernes como, sobre todo los de ayer, demuestran que la última evolución del motor Renault, unida a las pequeñas mejoras aerodinámicas, han situado a los bólidos azules y amarillos muy cerca de los McLaren. Ahora la distancia es mucho menor y tanto Fernando Alonso como Giancarlo Fisichella parecen en disposición de luchar incluso por la victoria. Lo único que queda por comprobar es si este cambio se produce a costa de la fiabilidad que ha caracterizado a los Renault a lo largo de la temporada. Y eso se verá durante la carrera de hoy.

Si Alonso es inteligente, y ha demostrado que lo es, se habrá olvidado del título en el momento en que suba esta tarde al coche y pensará sólo en cómo sacarle el máximo rendimiento para buscar la victoria. Ése debe ser siempre el objetivo de un piloto cuando disputa una carrera. Si no piensa demasiado en la calculadora -como hizo ayer-, estoy convencido de que subirá al podio y, por tanto, se proclamará el campeón más joven de la historia. Pero si especulara demasiado, le costará mucho más alcanzar su objetivo, porque no se puede salir a un circuito cohibido y amarrando en exceso. Hay que pilotar de forma libre y pensar que quedan todavía tres carreras por disputar. La diferencia de 25 puntos con Kimi Raikkonen es todavía muy amplia y puede permitirse el lujo de correr con esta mentalidad.

La carrera se disputará en un circuito muy bacheado, circunstancia que afecta especialmente en las curvas más rápidas, donde el coche puede llegar a desplazarse. En Interlagos se corre contra el sentido de las agujas del reloj, circunstancia que supone un sobreesfuerzo para los pilotos, que tienen la mayoría de las curvas hacia la izquierda, lo que provoca un mayor sufrimiento para sus cuellos, debido al cambio de orientación de las fuerzas de gravedad. Es un circuito rápido, con rectas importantes, pero también con zonas muy viradas, que requieren de un buen equilibrio entre la aerodinámica y la tracción. Los pilotos necesitan contar con una buena tracción para salir bien de la curva Juncao (12ª), el mejor punto de adelantamiento, y afrontar la subida con curvas abiertas de izquierda que se hacen a fondo. Allí hace falta una buena aceleración y mucha potencia para afrontar en buena posición la curva de Senna, encarándola por el interior. Para los ingenieros, todo se fundamenta en juego de equilibrios. También en la suspensión, porque debe ser lo suficientemente dura como para poder ir fuerte, pero al mismo tiempo debe ser capaz de absorber los baches que, en ocasiones, resultan muy peligrosos. Interlagos es, además, un circuito que se utiliza poco y, como consecuencia, los primeros días está muy sucio y tiene poco grip. Tras los días de entrenamientos, en la carrera la goma ya estará adherida a la calzada. Pero si llueve -aunque las previsiones meteorológicas no lo indican con claridad-, la pista puede ser muy peligrosa porque el agua suele ir acompañada de arena y crea una ligera capa de barro que lo invade todo.

No creo que el trazado favorezca especialmente los intereses de ninguna escudería en especial. Pero está claro que McLaren está compitiendo con un margen bastante sustancial en las últimas carreras, sin importar el circuito. En Brasil, las cosas parecen más igualadas con Renault. Y puede que algunos otros inquilinos se interpongan en la lucha entre estas dos escuderías por el título de pilotos y también el de constructores: Jenson Button pareció ayer muy fuerte. Y, por fin, parece que Bridgestone ha encontrado un compuesto adecuado y que Ferrari puede tener algo que decir en las tres últimas carreras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de septiembre de 2005