La Bienal de Lyón confronta el arte a la experiencia del tiempo

L'experience de la durée (La experiencia de la duración) es el tema alrededor del cual se organiza la VIII Bienal de Lyón, que permanecerá abierta hasta el 31 de diciembre. Las artes plásticas, tradicionalmente ajenas a la cuestión de la temporalidad, se ven confrontadas a este problema por decisión de los comisarios de la exposición, los franceses Nicolas Bourriaud y Jérôme Sans, dos personajes que se han ganado su prestigio crítico poniendo en marcha como centro de creación contemporánea el Palais Tokyo en París. En Lyón, los creadores de la década de los sesenta, gente del grupo Fluxus o del movimiento suport/surface, ligados al arte conceptual o al pop art, son presentados junto a obras recientes: es decir, las obras de La Monte Young, Jonas Mekas, Yoko Ono, James Turrell o Daniel Buren sirven como precedente a los trabajos de Kader Attia, Virgie Barré, Saâdane Afif, Jun Nguyen-Hatsushiba o Santiago Sierra.

¿Lo más impactante? La instalación de Kader Attia, que ha encerrado en una pajarera enorme a unas palomas de verdad y a unas figuras de niños hechas con ropa y cabellos auténticos pero cuyo cuerpo está moldeado con un derivado de avena que ha de servir de alimento a las aves durante los más de dos meses que ha de durar la bienal. También es excelente la habitación de niebla luminosa a la que nos invita Ann Verónica Jansens para que perdamos toda referencia, o el concierto casual ideado por Saâdane Afif para 11 guitarras eléctricas. Santiago Sierra presenta 120 horas de lectura continua de una guía de teléfonos, una performance que nos hace sentir el paso del tiempo con tanta eficacia como las nueve horas de filmación warholiana de un tipo durmiendo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 15 de septiembre de 2005.

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