Reportaje:

Algoritmos para meter gol

El primer Congreso Español de Informática organiza un campeonato de fútbol robótico en el que un equipo nacional venció a Italia

Fue un partido desigual. El Team Chaos, equipo español de fútbol para robots que compitió el pasado verano en el mundial de la especialidad celebrado en Osaka (Japón), venció por dos a cero a un combinado italiano en el primer Open de España de la especialidad, que se celebró ayer en el Palacio de Congresos de Granada como actividad paralela al primer Congreso Español de Informática.

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Las dos escuadras, formadas cada una por cuatro perros articulados Aibo de la marca Sony, no compitieron, sin embargo, en igualdad de condiciones. Como en el balompié convencional, los de casa tuvieron ventaja, ya que sus entrenadores, un conjunto de investigadores de las universidades de Murcia, Alicante, y Rey Juan Carlos de Madrid, pudieron acondicionar su software a las condiciones del terreno de juego antes del encuentro.

La parte humana del equipo italiano, que no pudo a desplazarse hasta Granada, envió los programas para sus jugadores por correo electrónico, por lo que sus robots no se acostumbraron a las condiciones de luz. "Debido a la falta de calibración, los italianos ven el suelo del mismo color que la pelota y por eso no la encuentran", disculpó a los rivales el jefe del equipo español, el profesor Vicente Matellán.

Durante los partidos de esta especialidad medio deportiva, medio académica, los investigadores sólo pueden mirar. Su trabajo se hace antes, cuando con sus ordenadores, programan a los jugadores para que puedan andar, ver, comportarse durante el juego y localizarse entre ellos en el campo. Toda esa información táctica la descargan en una tarjeta memory stick que se introduce en la panza de cada perro. "Conseguir los algoritmos para que se comporten coherentemente cuesta unos cinco años", explicó David Herrero, becario de investigación de la Universidad de Murcia y miembro del Team Chaos. "Lo más difícil de todo es ponerlos a caminar", añadió.

Los robots, con una cámara en el morro y dos sensores de infrarrojos, detectan la pelota y corren hacia ella. Girándo el cuello o tirándose en plancha, golpean el balón con la cabeza. Lo más espectacular del partido de ayer fue el comportamiento de los dos porteros. El español apoyaba su panza en el suelo extendiendo sus cuatro patas para cerrar lo más posible el ángulo de tiro mientras que el italiano repetía espectaculares estiradas.

Los miembros de cada equipo conocen su posición sobre el terreno gracias a cuatro bastones colocados en las bandas. Cada portería es de un color para que los perros sepan donde tienen que marcar. En esas condiciones, gana siempre la escuadra que mejor programa a sus máquinas. "El último avance son los comportamientos cooperativos", aseguró Herrero. "Cuando no pueden ver la pelota, se comunican para decirse dónde está".

Esa es la diferencia que, según el investigador, hace del equipo alemán el dream team del fútbol robótico. El entendimiento entre sus perros hizo que este verano, se llevaran la última Robocup.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 16 de septiembre de 2005.

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