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Abbas: "Hoy Gaza, mañana Cisjordania y Jerusalén"

El presidente palestino exige el fin de toda la ocupación y promete acabar con el caos

"A partir de hoy no toleraremos más anarquía en materia de seguridad, el caos de las armas y los secuestros", aseguró ayer el presidente palestino, Mahmud Abbas, en un discurso difundido por radio y televisión, 24 horas después de la salida del último soldado israelí de la franja de Gaza tras 38 años de ocupación. El líder palestino exigió que Israel también se retire de Cisjordania y Jerusalén Este. "Hoy es Gaza, mañana Cisjordania y Jerusalén", dijo.

"No transigiremos más. Trataremos de poner fin a todos los fenómenos negativos, incluidos los atentados contra el orden público que amenazan nuestra sociedad", prosiguió Abbas, en lo que se puede considerar como el discurso más explícito y programático que el líder palestino ha pronunciado tras su llegada al poder hace ocho meses.

El presidente, en una seria advertencia dirigida a los caudillos militares, a los jefes de clanes y a las facciones radicales de Yihad Islámica y Hamás, y otros grupúsculos, que desde el estallido de la Intifada, hace cinco años, tratan de hacerse con el poder, advirtió tajante que él es el máximo responsable en los territorios palestinos, donde debe haber de ahora en adelante "una sola autoridad, una sola ley, una sola armada legítima".

"La ocupación no acabará de manera efectiva hasta que los objetivos del proceso de paz hayan sido alcanzados; a saber, la creación de un Estado palestino independiente, con Jerusalén como capital, en los territorios ocupados de 1967", continuó afirmando Mahmud Abbas en otro momento de su discurso, dirigiéndose al Gobierno de Israel, al que invitó a sentarse en la mesa de negociaciones para alcanzar una "paz justa".

El mensaje de Abbas se había visto precedido ayer por una serie de órdenes contundentes y firmes, con las que la Autoridad Nacional Palestina trata de poner fin al caos y al pillaje desatado en los antiguos asentamientos judíos de la franja de Gaza, tras la retirada de los últimos soldados israelíes. El Gobierno palestino ha ordenado cerrar la zona de los asentamientos, pero además colaborar en la clausura y el control del paso fronterizo de Rafah, al sur de la franja de Gaza, convertido en las últimas horas en una zona de anarquía y caos, por donde la multitud ha venido pasando sin hacer caso de los controles aduaneros.

Las declaraciones y advertencias de Abbas fueron ratificadas por la secretaria de la presidencia de la Autoridad Nacional Palestina, que aseguró que es encuentra en marcha un plan destinado a desarmas las milicias radicales, empezando por las facciones del partido gubernamental de Al Fatah. Según un portavoz de la secretaria presidencial, Abbas estaría a punto de dar un ultimátum a los milicianos para que se disuelvan o se integren en los cuerpos de seguridad de la policía en un plazo corto.

El presidente Yasir Arafat, pocos meses después de que estallara la Intifada, trató bajo consejo de la UE y con la ayuda de los servicios secretos de Estados Unidos de poner en marcha un plan de desarme de las facciones radicales. Pero los proyectos fracasaron pocas semanas después de iniciados, como consecuencia de una operación de represalias del Ejercito israelí.

Ayer pocos minutos después de que Abbas hiciera públicas sus planes, y como si se tratara de un desafío, el máximo dirigente de Hamás en Gaza, el doctor Mahmoud Zahar, anunciaba las intenciones de su organización de no dejarse desarmar y de mantener la lucha contra Israel hasta la liberación de todos los territorios palestinos, incluido Jerusalén. Las palabras amenazadoras del jefe fundamentalista fueron corroboradas por unos desconocidos, presumiblemente militante de algunas de las organizaciones radicales, quienes lanzaron desde el norte de la franja de Gaza una granada contra un vehículo militar, cuando transitaba por el término municipal israelí de Nativ Hasara, situado al otro lado de la frontera.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 14 de septiembre de 2005