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Crítica:

Gálvez vuelve a Euskadi

Jorge Martínez Reverte recupera al personaje de Gálvez, protagonista de anteriores novelas suyas, y lo sitúa en el clima de violencia y de intimidación del País Vasco de hoy.

En esta nueva entrega de las aventuras del extrovertido y diligente Gálvez, Reverte vuelve al País Vasco para contar una historia ficticia como en toda novela pero muy real en sus referentes principales. En el estilo informal que conviene al personaje, con una atractiva falta de solemnidad y un sorprendente sentido del humor dado el dramático material que se nos suministra, propone una historia en la que los actores que intervienen son muy reconocibles pues aparecen a diario en la información periodística, ofrece un retrato psicológico plausible de las motivaciones de un joven tentado por la violencia etarra y estremece al lector cuando describe el desarrollo de un mitin de los amantes del tiro en la nuca. El autor es periodista y se nota. Trata de la más reciente actualidad y añade de su propia cosecha la posibilidad de que en la organización terrorista se produzca un enfrentamiento a tiros entre facciones. El universo etarra, cerrado, obtuso, insensible, es descrito con toda contundencia.

GUDARI GÁLVEZ

Jorge M. Reverte

Espasa. Madrid, 2005

235 páginas. 19,90 euros

Los desatinados y autocomplacientes discursos nacionalistas que escucha Gálvez en el Fórum de Barcelona constituyen el aperitivo de lo que presenciará después, la opresión de los etarras, el untuoso y cínico discurso de un alto cargo, un brutal atentado, un secuestro y otras agresiones. Afortunadamente, otros personajes pertenecen al grupo de los que luchan por la libertad y los derechos de todos. Son políticos y periodistas, policías y guardaespaldas, o simples ciudadanos que, aunque son ficticios como personajes de novela, se corresponden con modelos reales. Es una novela, amena y dinámica, en la línea de otras con este personaje, pero fundamentalmente es un libro militante y creo que así hay que tomarlo. Sucede que se trata de una militancia inmediatamente compartible. Uno se siente ligado a las palabras de agradecimiento dirigidas al final a personas como María San Gil, Fernando Savater, Rosa Díez o José María Calleja. La habilidad literaria del autor se manifiesta en la eficacia con que retrata a un personaje con rápidos trazos y en la ironía con que muestra al protagonista embarcado en un reportaje sobre la antropología funeraria vasca. Hábil para captar el detalle significativo, presenta a unas señoras que se levantan de la mesa de un café cuando oyen hablar de política en la mesa de al lado. Por lo que pudiera ser.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de septiembre de 2005

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