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CARTAS AL DIRECTOR

¡Qué desastre!

No dejo de asombrarme e indignarme ante las noticias que nos llegan sobre el desastre del huracán Katrina. ¿Cómo es posible que el país más poderoso del mundo, el que invade países porque tiene que ordenarlos para imponer luego su orden mundial (que supongo tiene) sea incapaz de arreglar y ordenar un Estado o dos de su propio país. ¿Cómo puede el país más poderoso del mundo dejar en el más absoluto abandono a sus ciudadanos?

Me cuesta creer que no tenga medios o que no sepa ponerlos. Y mucho menos se me pasa por la imaginación que como una gran mayoría de esos ciudadanos son de color o de bajo nivel económico (los de alto poder se fueron por su cuenta) los deje a su suerte.

Pensar que este país tan poderoso no tiene medios para ayudar a los desastres naturales que con antelación ha previsto, también me resulta difícil de sostener. Que no haya ejército, tropas, aviones, camiones o helicópteros, nada que haga posible una rápida evacuación y salvamento de los miles y miles de personas que se encuentra en una situación extrema de supervivencia es algo inconcebible para el país guardián del orden mundial.

¡Qué desastre, qué espantoso desastre! ¡Y qué gran decepción, que enorme decepción! Y yo que creía que estábamos todo el mundo a salvo de los males que nos rodean, que teníamos aquí en el planeta Tierra al salvador de todos nosotros.

Sospechaba que no era así, pero no sabía hasta qué punto estamos perdidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de septiembre de 2005