Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

Para náufragos modernos

José Luis Molinuevo reflexiona sobre la tecnología desde el punto de vista filosófico, social y cultural. Plantea las posibilidades de un humanismo tecnológico para los náufragos de todo este nuevo mundo. El filósofo español expone sus propuestas desde tres puntos de vista: los mitos del humanismo, la ciencia-ficción y el futuro que ya rodea a todos.

El despreciable banausos (mecánico) platónico se ha transformado en el proveedor de la realidad del siglo XXI: algo que podría entenderse como una sutil venganza ante el altanero aristócrata del espíritu. Las tornas cambian y el plebeyo manda, la "mecanización toma el mando", que decía Giedeon. La tecnología es ya nuestra cultura, nuestra política e incluso nuestra metafísica. Nuestra antropología. Las tradicionales y piadosas "meditaciones" sobre la técnica han de dejar paso a una redefinición realista, de sentido común, del ser humano o poshumano que vive ya en otro mundo que el del humanismo tradicional. La tecnología nos explica hoy lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos (o tememos) ser, y de ahí su fascinación, que se ha convertido en el tema de nuestro tiempo en su sentido más orteguiano. Y una tecnología cada vez más compleja y poderosa invoca sentimientos proporcionales de miedo y entusiasmo. En medio se establece una contienda entre humanistas y tecnócratas que también se vuelve tradición. Así las cosas, el humanismo se presenta a menudo como una contestación heroica y resistente ante la progresiva materialización y secularización del mundo, pero con cierto aire repelente de perdedor contumaz.

HUMANISMO Y NUEVAS TECNOLOGÍAS

José Luis Molinuevo

Alianza. Madrid, 2005

240 páginas. 14 euros

Pensar la tecnología en sus implicaciones filosóficas, sociales y culturales es una tarea ardua aunque no por ello menos urgente. En la línea de sus trabajos anteriores, José Luis Molinuevo trata de hacerlo en su Humanismo y nuevas tecnologías, sin tomar partido por Casandras asustadizas ni por entusiastas ramplones, tratando de encontrar pautas de sentido común para convivir con el hecho obvio de esta tecnología omnipresente y triunfadora que configura nuestro momento histórico. Su libro no aspira "ni a humanizar las tecnologías ni a tecnologizar las humanidades". Propone un nuevo humanismo tecnológico para náufragos de las ilusiones del viejo. Una nueva Ilustración a través de las imágenes, a contracorriente de las simplificaciones heideggerianas, de los histerismos progresistas debordianos o baudrillardenses, que no hacen sino prolongar una cultura occidental de raíz judeocristiana, orientada a la palabra y no a la imagen, más bien basada en el desprecio a ella.

El libro se estructura en tres partes. En la primera recorre los diversos mitos que desde el humanismo se han generado con respecto a la tecnología. En los tiempos de Internet es inevitable la alusión al mito platónico de la caverna, pero también al del Génesis o al de Narciso, todos ellos prevenciones ante una tecnología productora de imágenes que genera, como reacción, una filosofía antitecnológica de múltiples formas como la de Heidegger y heideggerianos o como la de la izquierda antitecnológica de raíz frankfurtiana, cuyos epígonos son Debord, Virilio y Baudrillard. Todas ellas respuestas incompletas e insatisfactorias, según Molinuevo, porque nos dejan en el mismo sitio en el que estamos. En realidad la pregunta se debería dirigir a por qué y para quién es interesante ésta o aquella tecnología, cuál es su contexto político y social. No es la deshumanización tecnológica la causa de la deshumanización social, económica y cultural, sino al revés, dice bien Molinuevo.

La segunda parte supone un apasionante recorrido por un campo muy descuidado en el pensamiento español, la ciencia-ficción. El porvenir no es muy halagüeño, dice, si hay que elegir entre un pasado heroico (El señor de los anillos) y un futuro paranoico (Matrix). Finalmente está lo que podríamos denominar propuestas para un futuro que ya está aquí. Frente a la cerrazón ante una tecnología que lo invade todo o al entusiasmo injustificado de tecnorrománticos y tecnoilustrados hay que buscar las alternativas humildes que ofrece un humanismo limitado. En estas propuestas no hay que olvidar el sugerente análisis de la filosofía orteguiana que se encuentra a lo largo de todo el libro. La Meditación de la técnica aparece así redimensionada en la era de la cibercultura, donde el naufragio orteguiano adquiere un sentido pleno en la época de la navegación por Internet: los náufragos han de ser capaces de valerse por su cuenta, han de inventarse constantemente. En este sentido el libro arriesga una serie de propuestas especialmente valiosas a la hora de enfrentar este cambio que ya ocurre pero que está muy lejos de haber acabado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de agosto de 2005

Más información

  • José Luis Molinuevo