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Crítica:CINE

Sinvergüenzas

Un gigoló se dispone a escapar de una gran mansión ante la llegada del señor de la casa y se despide de su amante, la hermosa señora. "Gracias por lo de anoche", le dice ella. En su huida, se topa con la madura ama de llaves, que también le confiesa: "Gracias por lo de anoche". Ya en la verja de entrada, su coche tiene que dar un frenazo ante la amenaza de un enorme guardaespaldas armado. Baja la ventanilla y el primer chiste de la película, el que va a marcar el nivel, se ve venir cinco segundos antes: "Gracias por lo de anoche". A partir de ahí, la gracia de la rastrera, deleznable Deuce Bigalow: Gigoló europeo empeora con cada gag. Al segundo chiste el término menos duro que se le puede adjudicar es el de homófobo. El tercero, además de ser homófobo, es altamente peligroso, pues está mezclado con la pederastia. El cuarto, en un avión de pasajeros, está copiado de Aterriza como puedas. Sólo han pasado cinco minutos y no hay quien aguante el ritmo de comicidad.

DEUCE BIGALOW: GIGOLÓ EUROPEO

Dirección: Mike Bigelow. Intérpretes: Rob Schneider, Eddie Griffin, Jeroen Krabbé, Til Schweiger. Género: comedia. EE UU, 2005. Duración: 87 minutos.

La desvergüenza, la zafiedad, la misoginia y la homofobia presiden cada escena de la película. Hasta que, hacia el minuto 45, se produce la incalificable secuencia que colma el vaso. El protagonista tiene una cita con una chica que lleva una especie de velo que le tapa desde los ojos hasta el cuello.

Según confiesa la propia mujer, la gracia reside en que ésta tiene una malformación congénita que ha hecho que, en lugar de nariz, tenga un pene debajo de los ojos, que se empalma cuando se excita y que eyacula cuando estornuda, cosa que se demuestra poco más tarde. ¿Se puede ser más sinvergüenza? Sí, la mujer nació en Chernóbil. Sin palabras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 26 de agosto de 2005