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Reportaje:PLAN DE BARRIOS | Camp Clar, de Tarragona

Camp Clar busca su sitio

El paradigma del barrio degradado tarraconense aspira a una renovación social para salir de la marginalidad

Camp Clar, en realidad, siempre ha sido Campo Claro. Núcleo de marginación, de exclusión social, de escasa escolarización y de una elevada tasa de paro aun cuando en Tarragona es mínimo, este oscuro barrio periférico de 8.500 habitantes estaba destinado a recibir las subvenciones de la Ley de Barrios desde el mismo instante en que el Gobierno catalán la aprobó. Es más, el propio Parlament aprobó por unanimidad en junio de 2003 una moción que instaba a la Generalitat a hacer algo para sacar al barrio del pozo sin fondo en el que ha ido cayendo.

Camp Clar no salió elegido en la primera convocatoria de las subvenciones. El enfado convergente fue monumental y avivó el discurso victimista de quien no comparte los colores del tripartito. La herida escocía en Tarragona aún más porque Reus -gobernada por el PSC, ERC e ICV- se había llevado una de las subvenciones más altas de la convocatoria para el también maltrecho barrio del Carme. "La filosofía que ha primado no es la que anunció el Gobierno", señala la concejal de Servicios Sociales, María Lluïsa Expósito (CiU), quien prefiere dar por zanjada la polémica y ofrece su mano a la Generalitat para comenzar ya a trabajar en Camp Clar.

En Camp Clar no hay suficientes comercios para que el barrio se autoabastezca

En dos o tres años, en el barrio habrá más policía y programas de búsqueda de empleo

En efecto, el proyecto de reforma del barrio es atípico. En Tortosa o Reus, las otras ciudades de la demarcación agraciadas con la ley han sido los gabinetes de Urbanismo de los ayuntamientos los que han elaborado el proyecto. En Tarragona, lo ha hecho Servicios Sociales, y les ha salido un documento que no prevé la construcción de plazas nuevas, ni de calles nuevas... Pero en dos o tres años en el barrio habrá más policía para luchar contra el absentismo escolar, habrá programas de atención familiar, de promoción del deporte y de búsqueda de empleo. Micropolítica, en definitiva.

Camp Clar no se cae a trozos. Es un barrio perfectamente diseñado por el franquismo, que en 1967 dibujó unas calles anchas y construyó unos bloques de edificios de seis plantas y promoción pública. La mayoría de edificios se construyeron entre 1971 y 1985 y rondan los 80 metros cuadrados. Los que tienen defectos estructurales los está rehabilitandoAdigsa. Allí fueron a vivir gentes humildes, inmigrantes en busca de trabajo, provenientes en parte de las barracas que se extendían junto al río Francolí. Luego, la economía de libre mercado hizo el resto y aquel barrio que nacía esperanzador para subsanar problemas creó otros más acordes con los años ochenta: las drogas y la delincuencia juvenil. El barrio -en las afueras de la ciudad, junto a la N-340- quedó aislado, sin apenas transporte público, y con el alumbrado y el alcantarillado deficientes.

Nadie de fuera de Camp Clar tenía motivos para adentrarse en él. Nadie iba a sus bares de cañas. Y pocos son los oriundos que se atrevieron a abrir algún comercio. Esta tendencia se ha perpetuado en el tiempo -un estudio municipal asegura que no hay suficientes comercios para que el barrio se autoabastezca-, y es precisamente con lo que quiere terminar el Ayuntamiento a través del proyecto de rehabilitación.

Por su planificación original, el barrio no presenta grandes deficiencias urbanas. Precisamente por esto el consistorio cree que la Generalitat rechazó su proyecto inicial. Ahora, Tarragona recibirá el 50% de un proyecto presupuestado inicialmente en 20 millones de euros, pero que ha quedado rebajado a 14,5 millones. "¿De dónde habrán recortado? ¿De la parte social, que es precisamente lo que necesita el barrio?", se pregunta Expósito, que desconoce aún el proyecto aprobado definitivamente.

Como el edificio del Fórum, el plan de Camp Clar también tendrá su equipamiento emblemático. El Ayuntamiento prevé construir un conjunto arquitectónico en uno de los descampados del barrio con el objetivo de que se convierta en "símbolo permanente" del plan y, a la larga, en un núcleo capaz de atraer actividades económicas. También serán algo visible para los vecinos la mejora de las zonas públicas y los jardines, la mayor presencia policial y la construcción de varias rotondas en cruces complejos del barrio.

Lo que no será tan evidente son los planes de formación para los vecinos, un programa de atención a la infancia, otro para fomentar el uso de Internet y otro para prevenir situaciones familiares o personales de exclusión social en los colectivos de mayor riesgo. Este aspecto social del plan es lo que subraya por encima de todo la coordinadora del proyecto, Soledad Nieto, quien detalla que la construcción de nuevos jardines, por ejemplo, irá acompañada de la creación de un puesto de trabajo para que una persona esté pendiente del uso que los vecinos hacen de ese jardín. Anteriores intentos municipales por mejorar la vida en el barrio han fracasado precisamente por el mal uso que generalmente se ha hecho de los equipamientos.

En definitiva, el plan de Camp Clar pretende dar un vuelco a este barrio marginal, terminar con su estigma y "recuperarlo para la ciudad", según la concejal. Camp Clar, pues, persigue una nueva identidad que supere a la de aquel Campo Claro inicial, y busca su sitio en la Tarragona del siglo XXI.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de agosto de 2005