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OPINIÓN DEL LECTOR

Algunos taxistas

El 17 de julio llegamos a Madrid de un largo viaje. Barajas estaba a rebosar y necesitábamos recoger nuestro coche para regresar a casa. Como había clientes para elegir, más de una docena de taxistas se negaron a llevarnos, con la connivencia de dos empleados del aeropuerto. Teníamos dos problemas: llevábamos equipaje (¡qué raro en un aeropuerto!) y el destino al que teníamos que ir, por demasiado próximo, todos lo desconocían. Por fin, hubo uno que nos hizo el favor de llevarnos hasta la avenida de Canillejas a Vicálvaro, eso sí, deleitándonos durante todo el camino con una monumental bronca por no haberle exigido a los anteriores que nos llevaran y así salir él perjudicado. Con el consiguiente cabreo y las prisas, me dejé en el asiento trasero un bolso tipo mochila identificado por mi pasaporte que todavía no he recuperado. Ya va siendo hora de que se profesionalice de verdad este servicio público y que piensen más en el usuario.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 6 de agosto de 2005