Crónica:LA CRÓNICA | NACIONAL
Crónica
Texto informativo con interpretación

Comprobar la teoría

Los próximos meses de agosto, septiembre y octubre van a ser casi decisivos para comprobar si da auténticos resultados la teoría del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero sobre los efectos positivos de "dejar actuar a la política", es decir abrir y alentar el debate y la negociación, por muy complicado que parezca sobre el papel el tema a tratar.

La clave de la demostración es la reforma del Estatuto de Cataluña: si el texto que aprueba el Parlamento catalán es plenamente constitucional y puede ser respaldado también por el Congreso de los Diputados, con pocos retoques, no sustanciales, la teoría quedará convalidada y su autor, reconocido.

El presidente del Gobierno aseguró el pasado jueves que no está preocupado por la marcha de los debates en Cataluña. Lo único que le inquieta es que los partidos catalanes vayan demasiado deprisa y no se tomen el tiempo necesario para desarrollar una negociación tan compleja. "Esta es una gran ocasión, la oportunidad para lograr un estatuto definitivo para Cataluña y hay que dar tiempo, moverse con calma", aseguró en los pasillos del Senado.

Los socialistas se marchan de vacaciones convencidos de que en el nuevo curso se van a encontrar con un PP todavía más duro y agresivo que el de los últimos meses

Pero el presidente del Gobierno es, quizás, el único dentro del PSOE que no está nervioso con la marcha del debate estatutario en Cataluña. Hay bastantes dirigentes socialistas que reconocen su preocupación y que, incluso, no hacen nada por ocultarla a los medios de comunicación, quizás con la intención de que sus compañeros catalanes reciban urgentemente el mensaje de esa inquietud creciente.

"El problema es que Pasqual Maragall se esta dejando poco margen y puede resultar que finalmente para garantizar la plena constitucionalidad del texto tenga que dar muchos pasos atrás", explica un parlamentario del PSOE implicado en cuestiones autonómicas.

Prácticamente todos los dirigentes socialistas consultados han coincidido en el mismo análisis: el problema no es tanto el tema de los derechos históricos planteado esta semana. "Todo el PSC sabe que es algo imposible de aceptar y que es imprescindible eliminarlo del Estatut antes de que llegue a Madrid", asegura un destacado diputado. Lo que le preocupa, confiesa, es "el ronroneo" en torno a la idea de competencias "excluyentes" que, al parecer, Maragall no descarta con la misma seguridad que la alusión a los "derechos históricos".

Debate interno

Uno de los aspectos más relevantes de este debate es que no está provocado por presión de la oposición. La inquietud de muchos dirigentes del PSOE no se funda en la posible reacción del PP, ni en el aprovechamiento que pueda hacer de estas discusiones, sino en su propio análisis sobre el papel de un partido socialista y sobre lo que un veterano diputado denomina "la importancia de que el PSC salve su coherencia como partido catalanista de izquierdas y no cree desconcierto entre miles de sus votantes".

"Por no gustarme", se queja un diputado del PSOE que participó en una de las primeras legislaturas democráticas, "como socialista no me gustan tampoco algunos detalles del proyecto de reforma del estatuto de la Comunidad Valenciana: no me gusta que incluya la capacidad del presidente de la comunidad para disolver su parlamento cuando quiera (hasta ahora solo podían hacerlo los de Galicia, Cataluña, País Vasco y Andalucía), porque nos podemos encontrar con elecciones autonómicas en 17 fechas diferentes; y no me gusta que hable del agua". El parlamentario afirma, sin embargo, que tanto él como sus compañeros están "muy seguros" sobre la dirección del PSOE, desde su presidente, Manuel Chaves, hasta el secretario de organización y coordinación, José Blanco: "No habrá competencias excluyentes como las que quiere ERC y no porque el PP vaya a decir nada, sino precisamente porque el PSOE no quiere".

Los socialistas se marchan de vacaciones convencidos de que al inicio del nuevo curso se van a encontrar con un Partido Popular todavía más duro y agresivo que el de los últimos meses. "No van a parar de golpear, de anunciar catástrofes y peligros, pero la realidad es que somos precisamente nosotros la solución frente a esos peligros. Nosotros somos una solución, no un problema", asegura un dirigente del PSOE. Tiene claro también que el objeto de los ataques populares va a ser cada vez más el propio presidente del Gobierno, en un plano incluso personal. "Pero el PP tiene serios problemas: la economía va bien, hay dinero para desarrollar políticas sociales. El PSC vota en contra de disparates inconstitucionales. E incluso el IRA ha anunciado que abandona las armas. Quizás, Rodríguez Zapatero tiene razón en estar tranquilo aunque los demás estemos preocupados".

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