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Reportaje:

Cuando el cerebro suena como un MP3

Las alucinaciones musicales se deben al mal funcionamiento de las redes neuronales que permiten percibir música

Hace siete años, Reginald King estaba en un hospital recuperándose de una cirugía de bypass cuando oyó por primera vez aquella música. Empezó con una melodía pop y luego llegaron otras. Oía de todo, desde canciones de cabaré a villancicos. "Pregunté a las enfermeras si oían la música y me respondieron que no", recuerda King, un director de ventas jubilado de Cardiff, en Gales. "Me sentí muy frustrado", afirma. "No sabían de qué les estaba hablando y me dijeron que debía de sufrir algún problema cerebral. Y ha seguido ocurriendo desde entonces". Cada día vuelve la música. "Son canciones que he escuchado durante toda mi vida", explica King, de 83 años. "Me viene una y luego empalma con otra, y eso es lo que ocurre en mi cabeza. Para ser sincero, me estoy volviendo loco".

Los afectados, muchos con deficiencias auditivas, tienden a oír canciones que habían escuchado mucho o emocionalmente importantes para ellos

Las alucinaciones musicales se conocen desde hace más de un siglo, pero sólo ahora han empezado a ser estudiadas por psiquiatras y neurólogos

El año pasado, le remitieron a Victor Aziz, un psiquiatra del Hospital St. Cadoc's, de Gales. Aziz le explicó que aquello tenía un nombre: alucinaciones musicales. Aziz pertenece a un reducido círculo de psiquiatras y neurólogos que las investigan. Sospechan que las alucinaciones musicales son el resultado de unas redes cerebrales defectuosas que normalmente nos permiten percibir la música. También sospechan que numerosos casos de alucinaciones musicales no han sido diagnosticados. "Sólo tienen que buscarlas", señala Aziz. Y basándose en sus estudios sobre las alucinaciones, sospecha que en las próximas décadas serán algo mucho más habitual.

Las alucinaciones musicales ya invadían el cerebro humano mucho antes de que se reconocieran como enfermedad médica. "Muchos compositores han sufrido alucinaciones musicales", agrega Aziz. Por ejemplo, hacia el final de su vida, Robert Schumann escribía la música que alucinaba; la leyenda dice que seguía el dictado del fantasma de Schubert. Aunque los médicos conocen las alucinaciones musicales desde hace más de un siglo, raramente las han estudiado de forma sistemática. Eso ha cambiado en los últimos años. En la edición de julio de la revista Psychopathology, Aziz y su colega Nick Warner publicarán un análisis de 30 casos de alucinación musical que han estudiado durante 15 años en el sur de Gales. Es la mayor colección de casos de alucinación musical jamás publicada. "Intentamos recopilar tanta información sobre su vida diaria como fuera posible", afirma Aziz. "Planteamos muchas de las preguntas que no se habían respondido en investigaciones anteriores. Por ejemplo, ¿qué oyen?, ¿lo escuchan cerca o a larga distancia?".

Aziz y Warner observaron que en dos tercios de los casos las alucinaciones musicales eran la única alteración mental que experimentaban los pacientes. Una tercera parte eran sordos o padecían una deficiencia auditiva. Las mujeres tendían a sufrir alucinaciones musicales más que los hombres, y el paciente medio tenía 78 años. La experiencia de King era la habitual de las personas que sufren alucinaciones musicales. Los pacientes mencionaban una amplia variedad de canciones, entre ellas No llores por mí, Argentina y Three Blind Mice. En dos tercios de los casos la música era religiosa. Aziz cree que la gente tiende a oír canciones que ha escuchado mucho o que son emocionalmente importantes para ellos. "Detrás de estas cosas hay un significado", afirma.

Su estudio también demuestra que estas alucinaciones son distintas de las audiciones auditivas de los esquizofrénicos, que escuchan voces interiores. Los pacientes como King sólo oyen música. Los resultados apoyan trabajos recientes, que indican que nuestro cerebro utiliza unas redes neuronales especiales para percibir la música. Cuando los sonidos entran por primera vez en el cerebro, activan una región cercana al oído llamada córtex auditivo primario, que empieza a procesar sonidos en su nivel más básico. Posteriormente, el córtex auditivo transmite señales a otras regiones, que pueden reconocer las características más complejas de la música, como el ritmo, los cambios de tono y la melodía. Los neurocientíficos han podido identificar algunas de estas regiones con escáneres cerebrales, y comparar cómo la gente responde a sonidos musicales y no musicales.

A las personas con alucionaciones musicales les han hecho pocos escáneres cerebrales. Tim Griffiths, neurólogo de la Universidad de Newcastle Upon Tyne (Inglaterra), les realizó uno de éstos a seis pacientes ancianos que desarrollaron alucinaciones musicales tras perder parcialmente el oído. Griffiths usó una técnica de toma de imágenes conocida como PET, que supone inyectar marcadores radiactivos en el torrente sanguíneo. Cada vez que realizaba estos escáneres del cerebro de los sujetos, les preguntaba si habían experimentado alucinaciones musicales. Si era así, les pedía que calificaran la intensidad en una escala del uno al siete.

Griffiths descubrió en el cerebro una red de regiones que aumentaban su actividad a medida que las alucinaciones se hacían más intensas. Cuando los sujetos de su estudio alucinaban, sólo utilizaban las partes del cerebro responsables de convertir sonidos simples en música compleja. Griffiths insinúa la posibilidad de que estas regiones que procesan la música estén continuamente buscando señales cerebrales que puedan interpretar. Aunque los oídos no les transmiten sonido alguno, es posible que el cerebro genere impulsos ocasionales y fortuitos que las regiones que procesan la música pueden interpretar como sonido. Entonces intentan asociar estos impulsos con recuerdos de música, convirtiendo unas cuantas notas en una melodía familiar. En la mayoría, estas señales espontáneas no producen más que una melodía difícil de sacarse de la cabeza. Pero la constante corriente de información procedente de los oídos suprime la música falsa.

Griffith propone que la sordera interrumpe esta corriente de información. Y en algunas personas sordas los circuitos que buscan la música entran en hiperactividad. Oyen música todo el tiempo, y no sólo los vagos murmullos de una melodía atascada. Se convierte en algo tan real como cualquier percepción normal. "Lo que vemos es la amplificación de un mecanismo normal que está en todos", dice Griffiths. También es posible que personas que no están sordas experimenten alucinaciones musicales. Los ataques epilépticos, ciertas medicaciones y la enfermedad de Lyme son algunos de los factores desencadenantes. Dos tercios de estos sujetos viven solos, y por consiguiente no reciben demasiados estímulos. Una paciente experimentó menos alucinaciones cuando hizo que la trasladaran a una residencia de ancianos, según Aziz, "porque entonces hablaba con otros, estaba más activa".

No hay un tratamiento establecido para las alucinaciones musicales. Algunos médicos prueban con fármacos antipsicóticos, otros usan terapia cognitivo-conductiva para ayudar a los pacientes a entender qué ocurre en su cerebro. "A veces cosas sencillas pueden constituir un remedio", dice Aziz. "Encender la radio quizá sea más importante que recetar medicamentos". A pesar de estos tratamientos, muchas personas con alucinaciones musicales no experimentan mejoría. "Me limito a convivir con ellas", dice King. "Me gustaría poder hacer algo. Hago cosas tontas como hablar solo, esperando que al dejar de hablar la melodía pare. Pero no funciona".

Más estudios pueden ayudar a encontrar nuevos tratamientos. Diana Deutsch, psicóloga de la Universidad de California en San Diego, tiene previsto un nuevo estudio de las alucinaciones musicales mediante escáner en personas que no están sordas, usando MRI funcional. Al contrario que el barrido tipo PET usado por Griffiths, la MRI funcional es suficientemente potente como para captar los cambios de actividad cerebral segundo a segundo. "Podríamos tardar en obtener resultados, pero ciertamente es algo que me entusiasma", dice Deutsch. "Veremos adónde nos lleva".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 19 de julio de 2005