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Crítica:

Lector de pintores

El artista canario Luis Palmero redescubrió las fuerzas de la figuración después de un encuentro con La carga de la caballería roja, de Malevich. Sus obras reflejan ahora, a través de colores industriales, cabezas y manchas que estimulan la percepción.

La visión asediada por un bombardeo icónico sin precedentes en la historia, la memoria individual amenazada por fuerzas descomunales que intentan controlar su capacidad de asociaciones insólitas. ¿Es la pintura un vehículo idóneo para salirle al paso a la formidable dislocación perceptiva de la modernidad tardía? Por su presencia, por su espesor sedimentario, y, por qué no decirlo, por su invitación al placer del mirar demorado, para el artista canario Luis Palmero lo es no menos que otros soportes como la fotografía o el vídeo. Obstinado en explorar todo el campo de lo que aparece, Palmero comenzó su andadura madura hurgando entre las grietas del reduccionismo moderno, indagando, en sintonía con Blinky Palermo e Imi Knoebel, en las posibilidades de la abstracción pictórica para cargar de emoción y memoria el espacio real. Tras una etapa de interpelación del lugar insular con una fuerte impronta metafísica, Palmero, pintor lector de pintores, quedó fascinado por La carga de la caballería roja, de Malevich, y comenzó a adentrarse en la figuración, que se torna en sus últimas obras en una celebración alucinada del ver a base de cabezas y manchas de colores industriales que reabsorben y reprocesan la avalancha de estímulos sensoriales del capitalismo tardío. Pintura, en definitiva, en movimiento. Pintura que no se estanca en sus propias fórmulas.

LUIS PALMERO

'Indian Summer'

Galería Manuel Ojeda

Buenos Aires, 3. Las Palmas

de Gran Canaria

Hasta el 31 de julio

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de julio de 2005