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DESDE MI SILLÓN | TOUR 2005 | Undécima etapa

Capítulo conocido

La sensación es la misma que cuando relees el mismo libro por cuarta o quinta vez. Bueno, o para hacer honor a la verdad, por séptima vez. Claro que, como todo, también depende de si el libro es bueno o malo, pues la cosa cambia bastante. Si es malo, según empiezas la primera página ya sabes de qué va la historia. Los protagonistas son previsibles, las descripciones incompletas, la psicología de los personajes fácil y evidente y el final archiconocido.

Si el libro es bueno, como está siendo éste, la cosa cambia. Los personajes crecen en matices a cada lectura, la acción no por sabida pierde su intensidad (¿han leído Los miserables?), siempre encuentras una frase genial en la que antes no habías caído o te maravillas con una lectura de los hechos nunca vista hasta entonces. Pero también en los buenos libros hay capítulos que pueden ser aburridos, como el de ayer.

En la etapa de ayer los corredores ascendían el mítico Col du Galibier, el punto más alto del Tour de este año, con sus 2.645 metros. Por lógica, uno de los mejores escenarios para la batalla. Yo, por solidaridad con mis compañeros, ascendí ayer en mi entrenamiento el Port d'Envalira, en Andorra, a 2.407 metros de altitud. Pude sentir de nuevo en mis músculos la sensación de falta de aire que se experimenta sobre todo por encima de los 2000 metros de altitud. Esa asfixia agónica que hace que tus músculos se pongan rígidos y tu corazón se acelere. Pedaleas y pedaleas, y cada vez estás más lejos de la cima.

Apenas una hora después veía a Vinokourov enfilando los últimos cinco kilómetros (¡terribles!) del Galibier. Mi ritmo no se parecía lo más mínimo al suyo, pero la agonía era parecida. Por detrás el rodillo letal del Discovery imponía una marcha que iba minando a los líderes de uno en uno. Nadie atacaba y caían las frutas maduras. Ni el diseño de la etapa invitaba a ello (con muchos kilómetros de bajada después de coronar), ni el ritmo de los americanos dejaba mucho margen de maniobra. Los valientes del día, que tendrían su premio, lo habían hecho mucho antes.

En fín, a lo que iba. Que todo esto ya lo habíamos visto muchas veces, y que la historia ya olía a sabida. Ni hubo batalla ni nadie buscó la debilidad del americano. Un día menos para París, sería la frase de éxito en la llegada.

Menos mal que el capítulo de hoy (14 de julio, fiesta nacional francesa) es uno de nuestros favoritos. También lo conocemos, pero precisamente por eso estaremos atentos, pues éste suele ser de los divertidos.

Pedro Horrillo es corredor del Rabobank.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 14 de julio de 2005