Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:RUEDOS ELECTORALES | ELECCIONES GALLEGAS | Debate sobre la situación de la comunidad

Los gallegos se sienten más periféricos que nunca

Santiago de Compostela
Un empresario, un catedrático y un editor ponen en común sus respectivos diagnósticos sobre la situación de Galicia en el primero de los debates convocados por EL PAÍS con motivo de las elecciones gallegas bajo el nombre de Ruedos electorales. El constructor naval Manuel Rodríguez, el catedrático de Derecho Administrativo Luis Meilán Gil y Manuel Bragado, propietario de la primera editorial de libros en gallego repasan la situación social y económica de la comunidad y sus habitantes. Pese a su disparidad de puntos de vista, los tres están de acuerdo en que los gallegos se sienten más periféricos que nunca y en que Galicia tiene una oportunidad histórica para tomar las riendas de su propio futuro.

Tres personalidades relevantes en Galicia, con trayectorias, ocupaciones y planteamientos ideológicos distintos, fueron convocadas por EL PAÍS para confrontar sus diagnósticos sobre la situación de la comunidad autónoma. Manuel Rodríguez es uno de los empresarios gallegos de más éxito, propietario de los astilleros Rodman Polyships, que fabrica en Vigo embarcaciones deportivas (y también patrulleras para la Guardia Civil). José Luis Meilán Gil, catedrático de Derecho Administrativo y rector de la Universidad de A Coruña a lo largo de 12 años, fue un destacado dirigente de Unión de Centro Democrático (UCD) durante la transición y tuvo un protagonismo de primer orden en la redacción del Estatuto de Autonomía. Manuel Bragado es el director de Edicións Xerais, la primera editorial de libros en gallego.

Manuel Rodríguez: "Estamos viviendo en una utopía. La realidad de los hechos es mucho peor de lo que aparenta"

José Luis Meilán: "Ahora que se terminan las ayudas exteriores y nos sentimos más periféricos, es el momento de juntarnos"

Manuel Bragado: "La sociedad gallega no comparte una ilusión colectiva por la que luchar juntos"

Manuel Bragado. Aquella imagen de Galicia como un país atrasado, con un paisaje de belleza desbordada, con gentes laboriosas que debían emigrar, tiene algo de tópico, pero también elementos que perviven: nuestra condición periférica (que podía ser una oportunidad, pero es un handicap porque faltan aún infraestructuras de comunicación) o la emigración de nuestra juventud, un fenómeno que nos sorprende.

Pero ésta no es la Galicia de hace 25 años, con un sector primario que duplicaba la media española. El gran reto de Galicia ahora es compartir su futuro con un nuevo proyecto para España, en este momento reconstituyente, tras 25 años de desarrollo de la Constitución. Galicia, como nación europea, tiene que participar en un proyecto para España y para Europa. No hay otra posibilidad. Y debemos acabar con esa imagen de país atrasado, subvencionado, complaciente.

Manuel Rodríguez. Yo tengo cierta preocupación, porque Galicia está creciendo menos que la media, cada año se aleja más, y lo peor es que en ese índice general se computan magníficas singularidades como Inditex, Citroën... No hay ninguna razón objetiva para que Inditex hubiese arraigado en A Coruña: ni está cerca de los centros de producción y de consumo, ni de las fuentes de materias primas, ni tiene una tecnología tradicionalmente arraigada en el área... Sólo que allí vivía un señor que tuvo una idea y la capacidad de llevarla a la práctica. Aquí se ha descuidado el desarrollo endógeno. Y si se excluyesen estas singularidades, la situación sería gravísima. Yo no quiero ni pensar qué pasaría si Citroën reduce el 20% de su producción en la factoría de Vigo porque resulta que inauguró una fábrica en China y allí le salen los coches a mitad de precio.

En Galicia se han cometido errores estructurales graves como el de pretender tener tres aeropuertos internacionales o tres universidades, o una red de autopistas y carreteras que tienen muy poquito tránsito, o el pretender resolver los problemas del arraigo de empresas simplemente por la promoción de polígonos industriales donde quiera que haya un terreno más o menos llano disponible.

José Luis Meilán. Sin que Galicia se hubiese movido de su sitio, somos más periféricos que nunca tras la ampliación de la Unión Europea hacia el Este. Lo éramos tradicionalmente y seguimos siéndolo también con respecto a la otra España. Hay una España que crece más, que tiene autopistas y AVE. Y hay otra que aún está esperando. Nos encontramos en un punto de inflexión de la historia de Galicia, por razones externas e internas.

La ampliación de la UE obliga a repartir con otros países algo que ha sido fundamental para toda España, los fondos de cohesión. Desde el punto de vista interno, estamos al final de un ciclo político, porque el presidente de la Xunta tiene su edad y, aunque afortunadamente está muy bien, eso es un problema biológico. Con todo, soy optimista. Dentro de la periferia, tenemos mar, somos importantes en pesca, también quizá en temas del bosque. Y, sobre todo, tenemos personas con ideas.

Bragado. No quiero ser catastrofista, pero en la República, España tenía 27 millones de habitantes y había 2,7 millones de gallegos, el 10%. En este momento, la población española está sobre 44 millones y sigue habiendo 2.700.000 gallegos, el 6,6%.

Rodríguez. Tenemos recursos muy escasos y se aplican más pensando en rentabilidades electorales que en cuestiones realmente prácticas. Eso es un drama. Por ejemplo, el puerto exterior que se quiere hacer en A Coruña [una inversión de 429 millones de euros], lisa y llanamente, no es necesario.

Meilán: Pero si tenemos mucha costa y debemos potenciar el tráfico marítimo, hace falta un puerto exterior donde sea.

Rodríguez. Pero el puerto exterior de A Coruña, tal como se está haciendo, no es necesario, máxime cuando hay otro puerto así en Ferrol y cuando todos los de Galicia están ociosos. Se necesita un puerto si hay personas y empresas que demandan mercancías o que las tienen para exportar. Aquí se están tomando decisiones por otros motivos. Que hay que invertir 200.000 millones de pesetas, pues estupendo. Mientras se invierte ya me va bien, pero para cuando termine nos vamos a preguntar qué barcos van a atracar ahí.

Aquí se ha hablado mucho de Irlanda como un ejemplo que podría seguir Galicia. Pero las condiciones no son las mismas. Allí incluso los niños pequeñitos hablan inglés, lo cual ha sido una importante ventaja competitiva. En Irlanda, además, niños de 12 años cuidaban las vacas por la mañana, al igual que en Galicia, y después se iban a clase de informática.

Bragado. En Galicia ya no hay niños para cuidar las vacas.

Rodríguez. Precisamente porque no aprendieron informática y los pueblos se vaciaron. Yo me crié en la provincia de Lugo, y en el pueblo de mi padre no hay ni un solo habitante. Si los jóvenes hubiesen tenido oportunidades, no habrían emigrado. Aquí estamos más en la empanada y en la demagogia que en lo práctico. Para encontrar un puesto de trabajo se puntúa más una recomendación que un buen currículum. Es así de lamentable. Si las singularidades de las que he hablado se debilitan por cualquier razón, nos vamos a dar cuenta de que estamos en una realidad dramática.

Bragado. La sociedad gallega no comparte una ilusión colectiva por la que luchar juntos. Sólo se nos han vendido las infraestructuras, como si eso nos fuera a sacar del precipicio. Y hay dos Galicias. Hay una de ciudad que se desarrolla alrededor de un eje litoral de 170 kilómetros, que va de Ferrol a Vigo, con unos problemas no muy diferentes a los de otras sociedades urbanas e industriales. Y hay una Galicia interior donde muchos jóvenes siguen emigrando.

Meilán. Ahora que se terminan las ayudas exteriores y nos sentimos más periféricos, es el momento de juntarnos. Y vamos en la dirección opuesta. El planteamiento que vemos ahora mismo es o unos u otros, o mayoría absoluta u otra cosa, blanco o negro... Necesitamos no solamente un pacto político, sino de la sociedad. Aquí faltan elementos que sirvan de unión entre derecha e izquierda, nacionalistas y no nacionalistas. Y esta sociedad es poco participativa.

Rodríguez. Ya lo fue menos, pero, incluso así, tenemos que ser conscientes de nuestro atraso. Estamos viviendo en una utopía. La realidad de los hechos es mucho peor de lo que aparenta.

Bragado. Pero los niveles de renta no son los de hace 25 años.

Rodríguez. Pero si nos comparamos con lo que son ahora otros pueblos y con lo que eran hace 25 años, también podemos darnos cuenta de que hemos progresado mucho menos que ellos.

Bragado. Para ilusionarse colectivamente tiene que haber un aire más oxigenado, y eso requiere un cambio político. Por lo menos para que una nueva generación tenga posibilidades de que se ensaye otro modelo alternativo. Galicia tiene que vencer el miedo. Tenemos héroes individuales, pero nos falta trabajo de equipo. El debate sobre un nuevo estatuto de autonomía puede ser una oportunidad.

Meilán. Sí, esa reforma puede ser una oportunidad interesante. Yo lo veo más como un símbolo. Los partidos estarán obligados a un acuerdo, ya que hace falta un quórum de dos tercios de los escaños del Parlamento, y esa necesidad de sentirse todos embarcados en unos objetivos concretos es importante. Eso es lo que significa construir y vertebrar un país.

Pero también tenemos pendiente una vertebración desde el punto de vista físico, del territorio y de la población. El asentamiento de la población gallega tiene una estructura moderna que se puede ver en los países más desarrollados.

Lo que sucede es que, por la dispersión, resulta más cara. Habría que pensar más en las comarcas, porque no hace falta que en cada parroquia haya todos los servicios. Basta con que todo el mundo, viva donde viva, los tenga a muy pocos minutos. Esto sería algo que aglutinaría al país y atenuaría la diferencia entre lo rural y lo urbano. A mí me emociona cuando tengo que ir al mismo hospital en A Coruña que una persona del rural. A cualquiera que le pasa algo, llama por teléfono, la llevan, la traen... Eso es un adelanto increíble frente a países como Estados Unidos.

Rodríguez. Es verdad que la sanidad española está en el top 10 del mundo. El problema es que aquí lo estamos sosteniendo con transferencias que nos hacen de Madrid o de Bruselas, y ahora nos asustamos porque se pueden acabar. ¿Cómo vamos a sostener los servicios sociales? Sólo si hay alguien que genere riqueza. Ése es el gran desafío y a eso es a lo que no se le está prestando atención. La gente en Galicia no se ve nada angustiada, está muy feliz, se come bien. Y como es antipático decirle que tiene que trabajar, ningún partido lo dice.

Bragado. No debiera quedar de esta conversación una imagen de amargura, sino que todo lo que expresamos aquí es la exigencia de construir un futuro. Porque esta idea de los diletantes gallegos que no saben si subimos o bajamos... Lo que estamos intentando es subir la escalera con esperanza.

Meilán. No podemos encerrarnos, pero tampoco dejar de subrayar lo que nos identifica y nos hace sentir enraizados. Y yo desterraría la imagen de Galicia como un país subvencionado. Con Galicia hay una deuda histórica real que viene de nuestra situación de periferia, de nuestro asentamiento de la población... Hay un déficit de infraestructuras. Yo no veo el Estado como si fuera una sociedad mercantil en la que cada uno obtendría beneficio según el peso de sus acciones. A eso suena el discurso catalán. Galicia no está bien situada ni por población (caso de Andalucía) ni por riqueza (Cataluña) ni por ser problemática (País Vasco). Pero el Estado no nos hace una donación cuando invierte aquí, está saldando una deuda. Ahora bien, y lo digo con optimismo, el problema no está en Madrid ni en Bruselas, está en lo que nosotros seamos capaces de hacer.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2005