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Crónica:FÚTBOL | 37ª y penúltima jornada de Liga

Okubo ilumina al Mallorca

El grupo de Cúper golea al Deportivo y sale del descenso en una gran tarde del japonés

Encendió Okubo la linterna y encontró el Mallorca el camino de salida de su largo túnel. Enganchado al jugador japonés, decisivo en los dos primeros goles y autor del tercero, el equipo de Héctor Cúper se deshizo del deprimido Deportivo con una facilidad insospechada, y se situó en la última jornada fuera de los puestos de descenso después de remontarle once puntos al Levante. Semejante heroicidad merecía alguien que la personalizase, y Okubo cumplió el papel a la perfección. Con un protagonismo similar al de su debut, también ante el Depor, el pequeño delantero se coló por las fisuras de una defensa disminuida, retratada en los tres goles por la habilidad del japonés. Sin apuros pese a su desesperada situación, el Mallorca hizo valer su físico y certificó la pésima temporada del Deportivo, que sólo encontró en el factor emocional de las despedidas de Fran y Mauro un punto de consuelo a su desastrosa temporada.

DEPORTIVO 0 - MALLORCA 3

Deportivo: Munúa; Manuel Pablo, Andrade, Romero (Luque, m. 55), Capdevila; Duscher (Mauro Silva, m. 79), Sergio; Víctor (Fran, m. 46), Valerón, Munitis; y Xisco.

Mallorca: Moya; Cortés, Ballesteros, Iuliano, Poli; Campano, Pereyra, Farinós (De los Santos, m. 74), Arango; Okubo (Luis García, m. 80) y Víctor (Tuni, m. 65).

Goles: 0-1, min. 9. Okubo sienta a Romero con un quiebro y mete el balón para Farinós. 0-2, m. 36. Okubo se va de Romero y centra al segundo palo, donde remata Arango. 0-3, min. 63. Okubo, se queda solo delante de Munúa y le cuela el balón entre las piernas.

Árbitro: Fernández Borbalán. Amonestó a Poli, Víctor, Romero, Duscher, Víctor y Pereyra.

Unos 23.000 espectadores en Riazor.

La segunda parte fue para los homenajes con el ingreso de Fran y de Mauro Silva

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Los rigores de una plantilla cada vez más escasa llevaron a Romero al centro de la zaga, donde su intento de suplir a Coloccini se convirtió en pesadilla. El destino le situó enfrente de un japonés bajito y eléctrico, uno de esos futbolistas capaces de revolucionar un partido con arrancadas frenéticas y recortes imprevisibles. A los nueve minutos, Okubo lo clavó en el suelo con un amago, que le permitió colarse en el área y dejar el balón al segundo palo para la llegada de Farinós, que adelantó a su equipo. Romero capituló, y dejó que las piernas le cediesen ante la presión de un Riazor muy pendiente de sus errores, y que se olvidó muchos minutos de los fastos de Fran y Mauro para despacharse contra el improvisado central.

Si de un lado el duelo entre Okubo y Romero entretuvo el partido, del otro sólo el cara a cara entre Munitis y Cortés le dio vida al ataque del Depor. Apoltronado como se ve al equipo de Irureta, presa de un fútbol burocrático, poco entusiasmado con premios menores como una eventual Intertoto, el Dépor quedó atrapado entre la desidia de Romero y los chispazos de Munitis. Entre uno y otro, un Deportivo pastoso dejó que el Mallorca comiera de su plato, hambriento como estaba en su desesperada carrera con el Levante. Jugaron los de Héctor Cúper con la intensidad que se espera de quien viene luchando desde tan abajo, con el Depor bien agarrado por las solapas por Farinós y Pereyra.

Le quedó al Depor el recurso del tiro de larga distancia. Sólo en los primeros 45 minutos lo intentaron Sergio, Capdevila, el canterano Xisco y Víctor en tres ocasiones. El rocoso plantel de Cúper no dejaba otra alternativa; mucho menos a un grupo tan acartonado como el Depor, incapaz de buscar una alternativa a las filigranas de Munitis. Con Valerón mentalmente ausente y con Víctor deprimido, ni encontraban los de Irureta por dónde coser el fútbol, ni parecían intentarlo. Se podría pensar viendo el marcador que el Mallorca les pasó a todos por encima, pero sería un espejismo, porque se limitó a ponerle las esposas al Depor y a dejarse llevar en el ataque por la inspiración del pequeño japonés.

Fue la jugada del segundo gol la que puso el sello al partido, porque ocurrió cuando el Deportivo empezaba a tocar la pelota y porque dejó moralmente hundidos a los locales, particularmente a uno. Romero, por supuesto. De nuevo de frente con Okubo, cortó el deportivista un extraño regate de tacón del mallorquinista, que chocó contra su cuerpo. En vez de lanzarse a por la pelota, se quedó Romero atornillado al suelo, como esperando a que el árbitro señalase falta. El japonés tuvo tiempo de regresar a por el balón, quebrar al deportivista y meter el balón al otro palo, donde Arango aprovechó el regalo de la defensa local. La desidia de Romero incendió las gradas y descompuso al Depor, que abandonó cualquier resquicio de confianza en levantar el partido.

Quedó la segunda parte a beneficio de inventario, abierta a los homenajes, con el ingreso de Fran en el descanso y de Mauro Silva 34 minutos más tarde, y con el tiempo dedicado por la grada a improvisar todo tipo de cánticos. Primero, contra Romero, que cesaron cuando Irureta se apiadó de él y le sustituyó por Luque. Y, a partir de ahí, de ánimo a Fran y Mauro en su despedida. El Mallorca sólo tuvo que mantener los dientes apretados y esperar que el Deportivo se perdiese en su propia inconsistencia. Y sumar un nuevo destello de Okubo, que acabó por quedarse solo delante de Munúa para batirle como la ocasión se merecía: por entre las piernas, pare certificar su gran tarde e iluminar el camino de la salvación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 23 de mayo de 2005