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Crítica:CANTO | Juan Diego Flórez

El rey se divierte

Hace unos pocos años el mundo de la lírica se lamentaba por la ausencia de tenores jóvenes que recogiesen el testigo de las viejas glorias. La crisis parece que se va superando a pasos agigantados y así el inglés Ian Bostridge impone su liderazgo en el universo del lied, el canadiense Ben Heppner en el repertorio wagneriano e incluso el mexicano Rolando Villazón en el verismo. En el terreno belcantista, el rey es indiscutiblemente el peruano Juan Diego Flórez. En Las Palmas, el rey-tenor se ha divertido con una deslumbrante composición del personaje de Nemorino. Se ha divertido y ha provocado el delirio.

Nemorino es un papel a la medida de Flórez hoy, no sólo vocalmente, sino hasta desde el punto de vista físico. Lo primero que destaca del tenor es el aire juvenil, espontáneo, de buen corazón, que otorga a su personaje. Todo desprende una frescura contagiosa. Las extraordinarias facultades como actor complementan su excepcional momento vocal. Transmite una sensación de facilidad, pero hay mucho trabajo detrás para conseguir esa naturalidad. La coherencia de la interpretación es tan admirable que cuando llega el esperado momento del aria Una furtiva lágrima Flórez no se transfigura, como otros tenores, y se deja llevar por un sentimiento exagerado en función de la plenitud de la melodía. Al contrario: mantiene la misma línea de sencillez; mantiene la prioridad de los valores teatrales del canto.

L'elisir d'amore

De Donizzeti. Con Juan Diego Flórez, Laura Giordano, Alfonso Antoniozzi, José Julián Frontal y Davinia Rodríguez. Director musical: Ricardo Frizza. Dirección escénica: Mario Pontiggia. Filarmónica de Gran Canaria. Temporada de ACO. Teatro Cuyás. Las Palmas, 16 de abril.

Ricardo Frizza le mima desde el foso imprimiendo un sentido de ligereza a la orquesta y subrayando los valores esenciales de la comedia. Y Laura Giordano consigue, como Adina, una actuación llena de buen gusto y sustentada por una gran técnica.

Se recuperan como elementos escenográficos unas pinturas de Néstor Martín-Fernández de la Torre (Las Palmas, 1887-1938). El ambiente canario de la escena contribuye a la cercanía. El público salió con la sensación de haber asistido a una representación histórica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de abril de 2005