Cartas al director
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El negocio del coche

Al contrario de lo que debería ser, con el tráfico se emplea el sistema de "la letra con sangre entra". El Estado, que limita la velocidad en todas las vías, sin embargo no limita la potencia de los vehículos, sino que monta un gran negocio con radares fijos y móviles con el fin de recaudar grandes cantidades de dinero. Además, la potencia, que legalmente no se puede utilizar en velocidad, sí renta beneficios en el impuesto de matriculación y en el impuesto municipal.

Es una golfería permitir que automóviles cuyo componente mayoritario es el plástico puedan alcanzar más de 200 kilómetros por hora. Los gobernantes, que deberían vigilar la seguridad de los ciudadanos, pueden si quieren disminuir el gran número de muertos en las carreteras con el simple hecho de limitar la potencia de velocidad de todos los vehículos. Con ello se aumentaría enormemente la seguridad y se reducirían los accidentes mortales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 10 de abril de 2005.

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