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FÚTBOL | 31ª jornada de Liga: el título aún no está decidido

La conexión inglesa

Beckham cuaja su mejor encuentro del curso y Owen sigue mostrando su poder rematador

En Europa no debe de haber dos delanteros con el grado de eficacia de Michael Owen. Para participar en la creación de juego vale de poco, pero en los últimos metros, con el balón en los pies, resulta letal. Ayer, su rostro reflejaba la alegría que siente desde hace una semana. Se ha hecho con un puesto entre los titulares a costa de Figo y no para de marcar. La última vez lo hizo para que subiera el cuarto gol del Madrid en uno de los clásicos más emotivos de los últimos años. Marcó después de una carrera rápida, definiendo entre las piernas de Víctor Valdés con la sangre fría de los goleadores de época. El pase, para colmo, se lo dio su compatriota David Beckham. "La conexión con David ha sido muy bonita", dijo Owen al salir del vestuario; "es muy agradable saber que, cuando saltas al campo, cuentas con alguien que te conoce y sabe interpretar tus desmarques para darte el balón justo".

El clásico fue, en buena medida, el partido de los ingleses del Madrid. Fue el mejor partido de Beckham desde que empezó la temporada. Curiosamente, con Figo, su principal socio a tenor de las estadísticas, en el banquillo. El ex volante del Manchester United dio el pase del gol a Ronaldo y se convirtió en una máquina de meter centros con la venia de Van Bronckhorst.

Su compañero de selección, Owen, no lo hizo peor. Con el de ayer suma 13 goles entre la Liga y la Champions. No se le dieron bien ciertos partidos de la Copa, contra equipos de la Segunda División, y esto despertó los recelos de la directiva. Pero Owen no ha fallado en situaciones complicadas: ante el Barça, en El Sadar, en Albacete... Su acierto le sirve porque no quiere que le olviden en Inglaterra. No quiere perder el hilo de su selección cuando falta poco más de un año para el Mundial de Alemania.

Su presencia en el banquillo, sin embargo, ha suscitado en su país rumores sobre un presunto malestar que le empujaría a dejar el Madrid el próximo verano. "Me desconcierta saber las cosas que se dicen de mí en Inglaterra", lamentó el jugador; "se analiza mi etapa en el Madrid desde un ángulo negativo. Y no veo ninguna razón para hacerlo así. Mi situación es fantástica. He marcado muchos goles y he jugado el noventa y cinco por ciento de los partidos disputados por el equipo. Creo que no hay otro jugador que haya participado en más encuentros".

Hasta que fichó por el Madrid, Owen se crió y vivió en los alrededores de la ciudadela medieval de Chester, entre Gales y el estuario del Mersey. Hombre tímido, de emociones controladas, el inglés vivió una relación tibia con la grada de Anfield. En el Liverpool dejó algunos amigos, como Carragher, pero su recuerdo no hará llorar a demasiados aficionados. En el Madrid, la complicidad con sus compañeros es muy limitada. Como hacía cuando jugaba en el Liverpool, prefiere hacer vida familiar y no suele acudir a las reuniones informales de sus compañeros, a las que sí concurren Beckham o Gravesen.

En el choque de ayer, Owen celebró su gol con la grada, gritándole su felicidad al fondo sur del Bernabéu. Fue el inicio de una relación que, por afinidades, está destinada a la armonía. "Ha sido uno de los partidos más bonitos que he jugado en mi vida", dijo el delantero; "pensar que nos estaban viendo en medio mundo entusiasma mucho. El resultado es perfecto y me voy muy contento con el juego que hemos hecho. No se puede pedir más. Yo estoy conforme con mi juego y estoy conforme con el juego de todos mis compañeros. Hemos hecho un gran trabajo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de abril de 2005