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Análisis:COYUNTURA NACIONAL

En el país de los ciegos...

Entre la abundante información sobre la economía española aparecida la última semana, quizás la más relevante hace referencia a las previsiones de la Comisión Europea para 2005 y 2006 y a la Central de Balances del Banco de España, sin olvidar los datos del paro registrado y de las afiliaciones a la Seguridad Social de marzo. Las dos últimas estadísticas ofrecieron datos positivos, pues el número de parados, corregido de estacionalidad, descendió tras haberse estabilizado en los dos primeros meses, y el ritmo de crecimiento interanual de las afiliaciones se mantuvo en el entorno del 3%, tasa a la que viene creciendo desde el cuarto trimestre del pasado año. Hay que matizar, sin embargo, que la Semana Santa (con el aumento de la ocupación en servicios turísticos que lleva aparejado) se celebró a finales de marzo, lo que, sin duda, ayudó a mejorar las cifras (la corrección de la estacionalidad no incluye el denominado efecto Pascua).

No debe complacernos un crecimiento del 2,7% cuando la tasa de paro sigue por encima del 10%

Las previsiones de primavera de la Comisión Europea no constituyeron ninguna sorpresa, tanto por lo que respecta a la rebaja del crecimiento del PIB de la zona del euro esperado para 2005 y 2006 como a la ligera revisión al alza para la economía española. El 1,6% estimado para 2005 para la zona del euro -cuatro décimas menos que en otoño- ha sido recibido como una nueva decepción, pero aun así debe considerarse como optimista, pues supone que el bache de la segunda mitad del pasado año empieza a recuperarse ya desde el primer trimestre del actual, algo que, a la vista de la información disponible, no parece que se esté produciendo. Está claro que la notable debilidad de la economía europea (véase en el gráfico izquierdo su comportamiento comparado con la de EE UU) no es puramente coyuntural, sino que obedece a una disminución de su potencial de crecimiento a largo plazo, algo a lo que los dirigentes políticos parecen concederle poca importancia a la vista de las deprimentes decisiones a que llegan en las famosas y mediáticas cumbres europeas.

En este continente de ciegos, el tuerto -España- es el rey. El 2,7% que nos atribuye la Comisión supone 1,1 puntos porcentuales más que la media de la zona del euro, pero no olvidemos que, de cumplirse estas previsiones -que coinciden con el consenso actual de analistas privados españoles-, con éste serán ya cinco años consecutivos de crecimiento por debajo de ese 3% que hasta ahora se consideraba el potencial a largo plazo de la economía española. Si tenemos en cuenta que la población, debido a la inmigración, ha acelerado su ritmo de crecimiento en los últimos años, el crecimiento del PIB per cápita aún se antoja más mediocre. En definitiva, no debe complacernos ese 2,7%, sobre todo cuando la tasa de paro sigue estando por encima del 10%.

Los datos de la Central de Balances (gráficos central y derecho) son al menos esperanzadores, pues nos confirman que la salud de las empresas, incluidas las del sector más débil, el industrial, es buena y va a mejor. La moderación de los salarios -estrategia sindical que viene dando sus frutos en forma de más empleo-, la reducción de los gastos financieros por la disminución de los tipos de interés, las mejoras de gestión y, en algunos sectores, el aumento de los márgenes a costa de más inflación explican estos resultados empresariales de los que todos debemos alegrarnos, pues la fortaleza de una economía viene dada por la de sus empresas.

Ángel Laborda es director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 10 de abril de 2005