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Necrológica:

Pedro Mario Herrero, cineasta, dramaturgo y periodista

El cineasta, escritor y reportero Pedro Mario Herrero falleció el día 25 de marzo, a causa de una dolencia cardiaca, en Jerez de la Frontera (Cádiz), donde sus restos fueron incinerados.

Pedro Mario Herrero había nacido en 1928 en la localidad asturiana de Carbayín (Siero), aunque su infancia y juventud transcurrió en Langreo, en un ambiente minerometalúrgico que estuvo a punto de convertirlo en ingeniero de Minas. Primaron, al fin, el cine, la literatura y el periodismo.

En París estudió dirección cinematográfica junto al realizador americano Jules Dassin. En la industria cinematográfica española dio sus primeros pasos como guionista. Lo fue de La banda de los ocho (1961) y Los elegidos (1963), de Tulio Demicheli; Ensayo general para la muerte (1962), de Julio Coll, y El niño y el muro (1964), de Ismael Rodríguez; también lo fue de su primer trabajo como director, la película infantil La barrera (1965), premiada en el Festival de la Juventud de Cannes.

Un año después dirigió la versión cinematográfica del cuento Adiós, cordera, de Leopoldo Alas, Clarín, del que él mismo hizo la adaptación. Con posterioridad, rodó Club de solteros (1967), No disponibles (1968), Si estás muerto, por qué bailas, Cao-Xa y otras, hasta llegar a El gran secreto, estrenada en 1980. Terminó su trayectoria cinematográfica igual que la había empezado: como guionista, en este caso de la coproducción europea Muerte en el Vaticano.

Además del cine, cultivó el teatro, casi siempre el género de comedia (La balada de los tres inocentes, No le busques tres piernas al alcalde y otros títulos); también la narración costumbrista (abordó el mundo de la pesca en su obra A bordo del Terín) y la novela (Atado y bien atado, entre otras).

También ejerció el reporterismo en Marruecos, Israel, Nigeria y en los conflictos de Biafra, la Guerra de los Seis días y en Vietnam. De su experiencia en esta última conflagración emanó su libro Crónicas desde el Vietnam (1968), donde diseccionó magníficamente a los combatientes comparando las condiciones de vida y lucha de los privilegiados soldados norteamericanos y las paupérrimas de los militantes del Vietcong, y su película Cao-Xa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de marzo de 2005