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Juan Pablo II se resiste a una nueva hospitalización

La evolución de la enfermedad del Papa induce al pesimismo en el Vaticano

El Vaticano anunció ayer una nueva cancelación de la audiencia papal de los miércoles, pero desmintió los rumores sobre una inminente hospitalización del Pontífice. Juan Pablo II, que desde su dramática aparición del domingo no ha vuelto a ser visto en público, sufría graves dificultades respiratorias y digestivas, según distintas fuentes médicas, y se resiste a ser hospitalizado.

La evolución de su enfermedad en los últimos días inducía al pesimismo. Los diarios italianos pronosticaban ayer el reingreso de Karol Wojtyla en el Policlínico Gemelli, y aventuraban que se produciría la semana próxima. La enfermedad de Parkinson, un mal degenerativo del sistema nervioso, eliminó la capacidad funcional de la laringe (lo que hizo necesaria la traqueotomía practicada el 23 de febrero) y habría dañado también de forma muy seria la capacidad pulmonar, según el Corriere della Sera.

Los problemas para respirar se hicieron evidentes el domingo, cuando Juan Pablo II permaneció 13 minutos asomado a su ventana, ante más de 100.000 personas que se aglomeraban en la plaza de San Pedro y alrededores, sin conseguir pronunciar una palabra. Fuentes vaticanas indicaron que la afasia fue debida a "la emoción del momento", ya que unos instantes antes, en su estudio privado, había ensayado la fórmula de la bendición urbi et orbe y había logrado pronunciarla de forma clara.

La versión oficial sobre la salud del Papa intentaba mantener el optimismo. "Nos sentimos razonablemente tranquilos", dijo el doctor Renato Buzzonetti, su médico personal. Otros se mostraban más pesimistas. El doctor Giovanni Neri, especialista del Policlínico Gemelli pero ajeno al equipo médico que operó al pontífice, comentó a La Repubblica que Juan Pablo II se encontraba en un "estado de grandes sufrimientos" y sugirió que su resistencia física frente al avance del Parkinson sólo podía explicarse por "su fuerza de voluntad y su empeño en mantener hasta el final la misión evangélica". Stefano Ruggeri, profesor de Neurología en la Universidad de La Sapienza, descartó la posibilidad de que el Papa recuperara la capacidad de hablar en público, porque carecía del aliento necesario para hacer vibrar las cuerdas vocales.

Una sola cosa era admitida por todas las fuentes vaticanas: Wojtyla no quería regresar al Gemelli. Consiguió salir del hospital antes de lo que aconsejaban los médicos y prefería quedarse en sus habitaciones. Sobre todo, no deseaba verse atado a un pulmón artificial u hospitalizado hasta la muerte.

El último gran objetivo de su pontificado consistía en convocar un Sínodo de urgencia, quizá en mayo, para nombrar una remesa de cardenales (entre los que podría figurar su secretario personal, el arzobispo Stanislas Dziwisz) que completara el Colegio Cardenalicio encargado de elegir en Cónclave al nuevo Papa. Incluso dentro del Vaticano se comentaba que mayo podría estar demasiado lejos para las posibilidades de Wojtyla.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 30 de marzo de 2005