Crítica:Crítica
i

Una tradición liberal

El rompecabezas de una tradición liberal seguirá siempre inacabado porque por definición es inacabable: tantas historias personales y profesionales o pedazos olvidados de biografías discretas pueden formar parte de él porque a él pertenecen y, sin embargo, no hay relato integral que las acoja a todas. Este libro es uno de esos tantos miles de pedazos posibles para ampliar el cuadro, para añadir una nota menor pero emocionante en muchas páginas. Gonzalo Menéndez-Pidal nace en 1911 y su entorno de crecimiento y maduración es lo mejor de la tradición liberal española: se forma en el Instituto Escuela y tiene ocupaciones en el Centro de Estudios Históricos que funda su padre, se vincula también con la Junta de Ampliación de Estudios, estrecha una amistad firme con Julio Caro Baroja y tiene una decidida, obstinada afición por la imagen filmada y fotográfica, además de una auténtica pluralidad de otras aficiones, desde la Edad Media a la antropología.

PAPELES PERDIDOS

Gonzalo Menéndez-Pidal

Residencia de Estudiantes Madrid, 2004

201 páginas. 20 euros

En sus escasas doscientas páginas vale tanto este libro por los retales de memoria autobiográfica como por sus formidables fotografías: aquí representaciones de La Barraca y allí un Antonio Tovar todavía de la FUE, allí Blas Cabrera y Ramón Menéndez Pidal, más allá los trastos inverosímiles que manejaban los científicos del Instituto Nacional de Física y Química, más acá Einstein de visita en la Residencia de Estudiantes...

Y en casi cada página apare

ce la noticia de una película grabada por el autor, bien sean un par de horas con Pío Baroja, bien sea el relato de Luis Rosales del asesinato de García Lorca, y con grabación o sin ella se acumulan un sin fin de historias menudas, que sirven para saber que Antonio Tovar nunca estuvo en el interior del vagón donde se celebró la entrevista entre Franco y Hitler porque viajó como intérprete, pero no actuó en ese momento como tal, o sirven para seguir la farsa gigantesca de tantos museos y colecciones privadas urdida en torno a vendedores, falsificadores y estafadores de reliquias arqueológicas, cuadros, tallas, etcétera.

Quizá el libro no va lleno de protagonistas de primerísima fila, pero sin duda cuenta mucho de manera elíptica, en breve, a veces con meros bocetos anecdóticos, de lo que fue un modo particularmente libre de entender la vida intelectual y científica, la del propio Gonzalo Menéndez-Pidal, pero sobre todo la del auténtico protagonista final de este libro que es un físico internacional como Miguel A. Catalán, autor de investigaciones cruciales de cuya descripción me siento ampliamente liberado porque cuenta lo esencial el propio Catalán en unas pocas pero formidables páginas sobre el vuelco que la física dio en la primera mitad del siglo. Están escritas al borde de su muerte prematura en 1957, y las rescata para este libro Menéndez-Pidal después de una semblanza entrañable del personaje: uno de esos heroicos, humildes, tenaces, combativos y perseverantes hombres de ciencia que crecieron en equipos compactos y profesionales antes de que llegase la otra, la ciencia infusa y armada de 1936, y arrasase con todo, o con casi todo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0018, 18 de marzo de 2005.

Lo más visto en...

Top 50