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COLUMNA

Lo de la visión femenina

A propósito del Día Internacional de la Mujer Trabajadora leo en la prensa una entrevista con Imma Moraleda, diputada del área de Igualdad y Ciudadanía de la Diputación de Barcelona. Se le preguntan por las actuaciones que prevé su departamento con relación a la arquitectura. Y Moraleda contesta esto: "Estamos interesadas en aportar nuestra mirada a la construcción de las ciudades. Creemos que las mujeres tenemos una forma de uso de los espacios públicos que no ha sido asumida ni tenida en cuenta. También utilizamos el tiempo de manera diferente y somos las mujeres, por ejemplo, las que más utilizamos el transporte público. Estoy convencida de que la mirada femenina al diseño de las ciudades las convertirá en lugares con más calidad de vida. Con unos equipamientos más pensados para toda la ciudadanía, y donde hombres y mujeres puedan disfrutar de espacios más accesibles y amables".

Me parecería estupendo y deseable que Imma Moraleda reclamase la presencia de mujeres en los departamentos de urbanismo. Que pidiese arquitectos municipales de ambos sexos. Pero decir que "las mujeres tenemos una forma de uso de los espacios públicos que no ha sido asumida ni tenida en cuenta", me parece una afirmación sin base científica. ¿Qué forma de uso de los espacios públicos tengo yo que no tiene un hombre? ¿Acaso necesito bancos o árboles adaptados a mi feminidad? Tampoco entiendo a lo que se refiere Moraleda cuando dice que utilizamos "el tiempo de manera diferente" (a lo mejor quiere decir que trabajamos más), pero aún entiendo menos que "usar el tiempo de manera diferente" o "usar más el transporte público" nos convierta en seres más aptos para el diseño. Utilizando el tiempo de manera diferente (signifique lo que signifique) y utilizando más el transporte público no se aprueba la carrera de arquitectura. Es más, estoy segura de que los arquitectos que van en coche y no en metro, tienen más tiempo para estudiar.

Dice también que "la mirada femenina al diseño de las ciudades las convertirá en lugares con más calidad de vida". Es decir, que las ciudades, ahora, tienen una mirada masculina que hace que tengan menos calidad de vida. Es una afirmación que queda bien porque deja en buen lugar a las mujeres y en mal lugar a los hombres, pero, desde luego, no está demostrada. Y si algún hombre hubiese dicho lo contrario ("la visión masculina al diseño de las ciudades las convertirá en lugares con más calidad de vida"), todas, yo la primera, nos habríamos puesto como las cabras. Pero bueno, esperando que algún día haya tantas mujeres como hombres dedicados a la arquitectura, yo quiero ayudar a Imma Moraleda a aportar la visión femenina al diseño de las ciudades. Claro que definir lo que es la "mirada femenina" es complicado. No es lo mismo la mirada femenina de la vedette Merche Mar, gran aficionada a la decoración con almohadones estampados de tigre, que la mirada de Judit Mascó, siempre tan minimalista. Por eso, propongo unos cambios, basados en mi gusto personal femenino y el de mis amigas:

Lo primero que hay que hacer es poner tapetes de ganchillo en los asientos del metro, así como cojines de patchwork, que le darán un aire más femenino.

En las plazas duras, tan masculinas, se podrían colocar bufets con pasteles de verduras y quiche lorraine (porque como todo el mundo sabe "los hombres de verdad no comen pastel de verduras").

Por último, los aparcamientos para coches serían el triple de anchos. Todo el mundo sabe que las mujeres aportamos también una "visión femenina" a la conducción automovilística.

moliner.empar@gmail.com

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de marzo de 2005