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Reportaje:

La agitada vida de Constancia de la Mora

La nieta de Antonio Maura narra en 'Doble esplendor' cómo pasó de ser una niña rica a militar en el partido comunista

Constancia de la Mora terminó de escribir Doble esplendor (Gadir) en julio de 1939 en Nueva York. En él cuenta su vida (hasta ese momento). Cuenta, por tanto, su salida de España cuando las tropas franquistas avanzaban como una apisonadora sobre Cataluña y la gente salía como podía hacia Francia, hacia el exilio, hacia cualquier parte. La guerra no había terminado aún, pero como si lo hubiera hecho: todo era desolación, pérdida, dolor, todo era derrota.

Había nacido en enero de 1906, un día que hacía frío en Madrid. Murió en 1950 en Guatemala atropellada por un coche. La vida de Constancia de la Mora fue corta. Le tocó habitar la España de principios de siglo en una familia acomodada. Un ambiente cerrado, atento a naderías, donde reinaba el aplastante código de las buenas maneras y los temores hacia la vida que generaba una Iglesia poderosa y que mangoneaba en los aspectos más íntimos del día a día.

Esta mujer era nieta de Antonio Maura, jefe del Partido Conservador y varias veces presidente del Gobierno con Alfonso XIII. La educaron para ser impecable, pero no terminó de encontrarse a gusto y siendo adolescente viajó a Londres en 1920 para salir de la atmósfera asfixiante de la España de entonces. Volvió en 1923, reclamada por su familia para cumplir con la obligación de casarse: eligió a un hombre que parecía moderno, se instalaron en Málaga, tuvieron una hija. Pero aquello fue un desastre, llegó un momento en que no tenían nada que decirse.

Con la llegada de la República en 1931, Constancia de la Mora participó del fervor de una sociedad que cambiaba profundamente. Se enamoró de Ignacio Hidalgo de Cisneros (que luego sería el jefe de la aviación republicana durante la guerra), con el que se unió cuando pudo divorciarse, y se implicó a fondo en las tareas de transformación social que se desencadenaron entonces. La gente de la clase en la que había nacido la miraba con desconfianza.

El hispanista Edward Malefakis, Miguel Núñez (un antiguo combatiente en la guerra civil que padeció cárcel en el franquismo y que fue diputado con el PSUC cuando llegó la democracia) y la historiadora y diputada Mercedes Cabrera (a través de un texto que leyó Javier Santillán, editor de Gadir, porque ella no pudo asistir) presentaron en Madrid Doble esplendor, la autobiografía de Constancia de la Mora.

Recordaron las peripecias de su vida, hablaron de la fuerza expresiva de su libro, reconstruyeron los intensos dramas que vivieron los hombres y mujeres de una España que se rompió en 1936 con el alzamiento y la Guerra Civil. Constancia de la Mora, que ya militaba entonces en el Partido Comunista, defendió con uñas y dientes la República ante el avance del fascismo. Todos coinciden en señalar que ese periodo es el que está más cargado de contenidos políticos de todo su libro. No es casual: trabajó como responsable de prensa del Gobierno republicano y, como todos los comunistas, se empeñó en ganar la guerra por encima de todo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 18 de febrero de 2005