LOS DERRUMBES EN EL METRO DE BARCELONA

La obra del metro agrieta otros 40 edificios a 700 metros del Carmel

La Generalitat admite que los estudios previos no tuvieron en cuenta las vibraciones

Los vecinos del barrio barcelonés de La Teixonera, a sólo 700 metros del Carmel, denunciaron ayer la aparición de grietas en 40 edificios a causa de las obras de la prolongación de la línea 5 del metro. Estas casas están encima de las obras del túnel. Los técnicos de la Generalitat admiten que los estudios previos no tuvieron en cuenta las vibraciones que provocan las máquinas. Anoche en otra zona, el Eixample, dos plantas de un edificio fueron desalojadas tras aparecer grietas.

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En las últimas dos semanas la Asociación de Vecinos de Teixonera ha recogido quejas de 40 inmuebles en los que han aparecido grietas desde que empezaron los trabajos de construcción de los nuevos túneles y estaciones de la prolongación de la línea 5 del metro. A ellas se unen las denuncias de cinco viviendas del limítrofe barrio del Coll que también se encontraron con fisuras.

En la zona en la que se ubican estos edificios está proyectada la estación de metro de Teixonera-Coll que, a 742,5 metros de la futura parada del Carmel -donde dos hundimientos han provocado el desalojo de 1.057 personas-, es una de las dos nuevas estaciones que se crean con la ampliación de la línea.

Carmen San Isidro, de 89 años, aseguró que en su casa han aparecido grietas desde que empezaron las obras. "Cuando se ponen a perforar tiembla todo y salen fisuras. Desde que se iniciaron los trabajos del metro, por ejemplo, se han separado los azulejos y los cristales de los marcos de las ventanas", cuenta. Lo que más le molesta, asegura, es que en 1989 ya estuvo desalojada un año y medio por la construcción de un garaje frente a sus pisos. "Saben de sobras que estos terrenos son problemáticos. ¿Por qué nos construyen una boca de metro justo al lado?", se quejó.

La primera reclamación la presentó un vecino de la calle de Besòs en mayo de 2004, pero los informes encargados por la Generalitat concluyeron que se debió al mal estado de la pared, un muro de ladrillo que se apoyaba a la vertiente de la montaña. La segunda fue de un matrimonio arrendatario de un piso de la calle de Santuari. Esa vez, los informes de la Generalitat señalaron que la causa era una rotura en los desagües.

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El día siguiente de que se produjese el enorme socavón del Carmel cundió la alarma, y en GISA, la empresa pública de la Generalitat que gestiona la obra, abundaron las quejas de vecinos que por sus grietas. El Gobierno catalán encargó un estudio a un equipo de la Universidad Politécnica de Cataluña. El técnico del Departamento de Política Territorial Jordi Jubany aseguró a este diario que hasta el momento los resultados apuntan a que las vibraciones generadas por los trabajos de las máquinas han podido provocar las fisuras.

Desalojo en el Eixample

Estas vibraciones, aseguró Jubany, no se previeron en los estudios previos porque el túnel está a 75 metros de profundidad. No se tuvo en cuenta que el subsuelo es rocoso, lo que supone que "las vibraciones puedan llegar a la cimentación de los edificios". A su juicio, muchas viviendas se hallaban ya en mal estado y la obra agravó su situación. La Generalitat aprovechará que las obras están paradas para reparar los desperfectos y estudiar a fondo el subsuelo.

En otra zona de Barcelona, el Eixample, la aparición de grietas en las primeras plantas de un edificio, provocadas supuestamente por un movimiento de tierras en el subsuelo, obligó a desalojar el entresuelo y el primer piso del inmueble, según informaron los bomberos. Técnicos municipales examinarán esta mañana el edificio, de seis plantas, según informó Efe.

Carmen San Isidro, junto a una de las grietas que han provocado en su casa las obras del metro.
Carmen San Isidro, junto a una de las grietas que han provocado en su casa las obras del metro.CARLES RIBAS

Sobre la firma

Lluís Pellicer

Es jefe de sección de Economía de EL PAÍS, donde ha desarrollado la mayor parte de su carrera. Ha sido corresponsal en Bruselas entre 2018 y 2021 y redactor de Economía en Barcelona, donde cubrió la crisis inmobiliaria de 2008. Licenciado en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona, ha cursado el programa de desarrollo directivo de IESE.

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