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Reportaje:FIN DE SEMANA

El discreto encanto del modernismo

Una ruta cultural por Reus, la ciudad textil donde nació Gaudí

De su aeropuerto salen a diario vuelos a Londres y Madrid, Francfort, Dublín o Bucarest. Sede de líneas de bajo coste, merece la pena detenerse a admirar en sus calles el legado de un pasado laborioso y sutil.

Puede que choque oír que la tarraconense Reus (hoy 102.000 habitantes) fue, después de Barcelona, la ciudad con más peso de Cataluña. No hablamos de tiempos tan lejanos, sino de ese pequeño siglo de oro catalán que fue la era industrial y el florecer de la burguesía. Hacia 1900, los arquitectos ya no tenían que diseñar catedrales o palacios, sino fábricas, bodegas, lavaderos, mercados, mataderos, viviendas, dispensarios, escuelas, teatros, casinos y centros recreativos. Todo lo necesario, en fin, para mantener el pulso de una sociedad civil inquieta, cuyo bienestar material favorecía la apertura mental a lo nuevo, también en cuestión de cultura y arte. Lo nuevo en arte, hacia 1900, era el modernismo.

Fue en Cataluña donde más arraigó, dentro de España. Tanto que allí pronto adquirió coloratura propia, derivando al noucentisme o novecentismo, más sobrio y racional. No sólo anegó este estilo Barcelona, también otras poblaciones catalanas; entre ellas, por supuesto, la industriosa y textil Reus. Resulta más que anecdótico que allí naciera Antonio Gaudí, en 1852. Su relación con la ciudad, en la que vivió hasta los 16 años, está registrada en una exposición permanente en el Museo Comarcal Salvador Vilaseca. Eso es todo, porque Gaudí no llevó a cabo obra alguna en su patria chica.

Confluencia de estilos

Pero sí sus discípulos y seguidores. Entre ellos, algunos tan distinguidos como los Domènech, padre e hijo: Lluís Domènech i Montaner levantó los dos edificios más nobles de Reus, la Casa Navàs y el Instituto Pere Matas, y otros dos que están unidos y encarnan la rápida secuencia del modernismo al noucentisme, la Casa Rull (1900) y la Casa Gasull (1911). Su hijo, Pere Domènech i Roura, hace confluir tardíamente ambas tendencias en la Casa Marcó (1926). El más activo, sin embargo, fue el arquitecto municipal Pere Caselles, y también destaca la obra de arquitectos como Joan Rubió, Pau Monguió o José Lubietas. En total, más de cien edificios catalogados, milagrosamente salvados de la piqueta e integrados en una singular ruta modernista. No es raro ver grupos que se paran en plena calle y alzan la vista a una fachada; la oficina de turismo organiza visitas guiadas. La iniciativa no se limita a Reus, sino que se extiende a las vecinas Sitges y Terrassa, que conservan igualmente un patrimonio modernista considerable y lo promocionan junto con Reus.

Apuntarse a las visitas guiadas es la única manera de acceder a algunos interiores, como los de la Casa Navàs o del instituto Pere Matas. La Casa Navàs, mutilada por una bomba en 1938, perdió una torreta y un gablete, pero conserva hasta el mínimo detalle de lo que fue casa burguesa con tienda de paños en la planta baja. El psiquiátrico Pere Matas es la estrella, especialmente su pabellón 6, el de los pacientes distinguidos.

Fuerza cívica

La opulencia modernista no agota los reclamos de Reus. Desde el gótico de la iglesia prioral, todas las épocas han dejado su diezmo. El Renacimiento se hace presente en el Ayuntamiento; el barroco más radiante, en el palacio Bofarull y los frescos de su espléndido salón de baile; el clasicismo, en el teatro Fortuny (el pintor Mariano Fortuny nació en esta ciudad pródiga en artistas, como el escultor Joan Rebull, el poeta Gabriel Ferrater o el musicólogo Higinio Anglés).

Y es que las piedras no hacen solas una ciudad. No sin el calambre de la gente. En la Reus dorada bullían sociedades y asociaciones cívico-culturales, como el Centro de Lectura, una especie de ateneo fundado en 1859, con una biblioteca de 80.000 volúmenes; como el ya casi centenario Orfeón, o como El Círcol, fundado en 1852 y propietario del teatro Fortuny. Este coliseo, construido en 1882, es, después del Liceo, el más grande y hermoso de Cataluña, el único que conserva su telón romántico, fechado y firmado por los hermanos Muntadas. Reus cuenta con cuatro teatros más (el Bartrina es otra bombonera) y dos espléndidos museos. Y un nervio comercial que no ha decaído desde que Jaime II le concediera, en 1309, privilegio de mercado semanal. Con una discreción que es, paradójicamente, un signo o don superlativo.

GUÍA PRÁCTICA

Dormir- NH Ciutat de Reus (977 34 53 53; www.nh-hotels.com). Avinguda de Marià Fortuny, 85. La doble, 70 euros.- Hotel Gaudí (977 34 55 45). Raval de Robuster, 49. En pleno centro. La habitación doble, 65,28 euros.Comer- Casa Coder (977 34 07 07). Plaça del Mercadal, 16. Unos 23 euros.- Café de Reus (977 77 19 51). Carrer del Metge Fortuny, 1. Unos 18 euros.- Kamasot (977 33 21 03). Riudoms, 42. Cocina japonesa. 20 euros.Información y visitas- Oficina de Turismo de Reus (977 77 81 49; www.reus.net). Visitas guiadas; por ejemplo, Reus, París y Londres (precio, 11 euros).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de febrero de 2005

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