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Columna
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Gracietas

Rosa Montero

Parece ser que a la gente le ha divertido mucho que Fraga haya dicho que él jamás ha usado ni usará condón. Celebran esta afirmación ranciamente machista y religiosamente integrista como una de las famosas salidas del político, un pintoresquismo más de un personaje pintoresco, como si Fraga fuera el último Pitecantropus Erectus de la Tierra y hubiera que conservarlo tal cual es para solaz de los niños y provecho de los paleontólogos. Pero a mí, la verdad, estas gracietas bárbaras no me hacen ni la más mínima gracia, porque no estamos hablando de un personaje extravagante y marginal, sino nada más y nada menos que del presidente eterno de la Comunidad Autónoma gallega; y porque esa misma fobia anticondón es la que han vuelto a reafirmar, contra toda sensatez y compasión, los jerarcas de la Iglesia católica, de quienes tampoco se puede decir que sean unos pelanas o que no pinten nada en este mundo. Vamos, que las salidas de Fraga no son más que la punta del iceberg del reaccionarismo de nuestro país, que sigue siendo extenso y abundante, empezando por esa curia inmovilista que padecemos y siguiendo por el machismo de nuestra sociedad, que asoma el plumero a poco que te fijes y que resulta muy poco chistoso.

Véanse, por ejemplo, las diferencias salariales entre hombres y mujeres: con el mismo puesto de trabajo, las chicas cobran, de media, un 35% menos (y hemos mejorado, porque, cuanto más tiempo llevas trabajando, más diferencia hay: entre personas con 29 años de antigüedad, la media es del 70%). O la atención a los ancianos, que suele recaer sobre las mujeres: si hay cinco hermanos y una chica, ella será quien se haga cargo del padre enfermo. O el cuidado de los hijos mentalmente inestables, con los que apechugan las mujeres solas, porque, como me decía la madre de un esquizofrénico, "los padres se van". Eso es el machismo real: el silencio y el abandono social con que esas madres heroicas soportan la terrible tragedia del trastorno psíquico. Sólo se habla de ellas en la prensa cuando son asesinadas por sus hijos, como la mujer que acaba de morir en Barcelona, mientras que los titulares son ocupados día tras día por esas salidas de Fraga tan graciosas.

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