Reportaje:

La 'guerra' de las tabernas inglesas

Rebelión contra Blair por la ley que suprimirá la tradición de cerrar los 'pubs' a las once de la noche

El Gobierno de Tony Blair afronta una auténtica rebelión mediática y política contra la ley que pretende liberalizar en otoño los horarios de los pubs y acabar con el mítico y a menudo incomprensible cierre obligatorio a las once de la noche, una vieja herencia de la I Guerra Mundial, cuando se impuso para combatir el absentismo laboral y asegurar así la productividad de la industria de armamento. La policía, tabloides como el Daily Mail, los conservadores e incluso algunos laboristas quieren suspender la norma antes de que llegue a aplicarse porque temen que fomentará el consumo de alcohol y el gamberrismo.

La nueva ley fue aprobada en 2003 por el Parlamento y debería entrar en vigor el 7 de febrero. Ese día, las competencias administrativas sobre los pubs serán traspasadas a las autoridades locales, que podrán otorgar licencias incluso de 24 horas al día si quieren. Los nuevos horarios empezarán a aplicarse en noviembre.

La policía teme que, si los 'pubs' abren hasta muy tarde, tendrá que patrullar más
Blair: "El 95% de la población no ha de pagar por las culpas de una minoría"

Unas declaraciones contrarias a la ley hechas semanas atrás por el jefe saliente de la Policía Metropolitana, sir John Stevens, han acabado desatando una áspera cadena de reacciones contra la reforma.

Hasta The Guardian, nada sospechoso de pacato ni de antilaborista -aunque siempre dispuesto a criticar al Gobierno y al primer ministro-, ha pedido que se deje en suspenso la ley hasta que su eficacia quede probada en zonas piloto.

El debate se antoja desorbitado visto desde el continente, donde es perfectamente normal tomarse una copa a media noche o de madrugada sin caer en la categoría de borracho o vándalo. Pero las cosas se ven de otra manera en Inglaterra, donde abundan los problemas de orden público cuando los ciudadanos apuran sus pintas y desfilan al unísono hacia casa al tocar las once. En Escocia el cierre es a medianoche (a las 12.30 los sábados) y, aunque el alcoholismo es galopante, hay menos problemas de gamberrismo.

El Gobierno promovió los cambios en Inglaterra a partir de un Libro Blanco de 2001 que concluía que una de las causas del binge drinking (beber de manera compulsiva) y la violencia que lo acompaña es el cierre temprano y al unísono de los pubs. Escalonar el cierre liberalizando los horarios, razonó el Ejecutivo, es la mejor manera de acabar con el mecanismo que induce a los ingleses a beber sin parar en cuanto entran en el pub: el saber que a las once te echan propicia que bebas más deprisa para poder beber más. A su vez, al fomentar un retorno a casa más escalonado, se reducirían los problemas de violencia callejera.

El Gobierno sigue defendiendo ese esquema, convencido de que los ingleses pueden hacer lo que para la inmensa mayoría de los continentales es normal: beber sin emborracharse y sin partirse la cara. Pero topó con las reticencias policiales, basadas en el materialista razonamiento de que si los pubs abren hasta muy tarde, la policía tendrá que patrullar hasta muy tarde. Más patrullas, más gastos. ¿Y quién paga la fiesta? "Los pubs", sugirió la policía. Pero el Gobierno no se ha atrevido a imponer a todo el gremio tal carga y se ha limitado a aprobar un conjunto de medidas tendentes a responsabilizarles de los desórdenes bajo la amenaza de multas.

Pero el ultraconservador Daily Mail aboga por una solución más radical: echar la reforma a la papelera. Presentándola como una catástrofe que va a llenar pueblos y ciudades de pubs abiertos las 24 horas, ha logrado que cunda la sensación de que, cuando la ley entre en vigor, se multiplicarán los actuales problemas de alcoholismo, convirtiendo las calles en campos de batalla y las aceras en mares de vómito.

La industria, la gran beneficiada de la reforma, se defiende con el argumento de que poquísimos pubs abrirán las 24 horas porque no es rentable. La inmensa mayoría sólo quiere prolongar el horario un par de horas en fin de semana, aseguran.

Las estadísticas publicadas por el British Medical Journal revelan que las chicas tienen más problemas mentales que antes debido al alcohol, pero el número de intoxicaciones etílicas ha bajado en los últimos siete años.

Entre los chicos, la atención hospitalaria a los menores de 15 años se mantiene, y la de los jóvenes adultos ha bajado ligeramente. Se diría que los jóvenes ingleses beben más o menos lo mismo que siempre, pero hay más jóvenes bebiendo alcohol porque las chicas están dejando de ser abstemias. Un fenómeno que recuerda al aumento del tabaquismo entre las mujeres o su incorporación al mercado laboral.

Tony Blair ha asegurado esta semana que no retirará la ley "porque no puede ser que el 95% de la población capaz de comportarse correctamente pague por las culpas de una minoría que abusa del alcohol y provoca peleas y disturbios". Pero en sus casi ocho años en Downing Street ha demostrado que, a diferencia de lady Thatcher, él sí tiene marcha atrás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 22 de enero de 2005.

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