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Reportaje:

Caravana solidaria a África

Barcelona Acció Solidària organiza una expedición anual para transportar el material de ayuda de las ONG

Una treintena de niños con batas relucientes, sus mejores sonrisas y miradas de curiosidad y vergüenza nos reciben en la escuela El-Amal con una alegre letanía que repite incansable la bienvenida a los "amigos de Sant Quirze". Quienes cruzamos el umbral e interrumpimos la rutina diaria de este centro escolar de la ciudad marroquí de Tánger somos los integrantes de la Caravana Solidaria al África occidental, una iniciativa de la asociación Barcelona Acció Solidària que ofrece la posibilidad a 15 ONG con proyectos en Marruecos, Mauritania, Senegal y Gambia de transportar a coste cero el material recogido durante el último año, hacer el seguimiento de los proyectos y advertir nuevas necesidades. El-Amal acaba de hermandarse con la escuela Pilarín Bayés de Sant Quirze del Vallès.

Los camiones ya están vacíos y la ruta se termina cerca de la frontera con Malí

La caravana continúa su andadura rumbo al sur con energías renovadas recorriendo la antigua ruta comercial transahariana que unía los pueblos del Magreb y el África negra a un lado y otro de este vasto desierto hasta su siguiente parada: Mauritania. El Sáhara rocoso y abrupto se transforma aquí en un mar de dunas que cubre la práctica totalidad de Mauritania y obliga al 90% de la población a concentrarse en el 20% de territorio de una superficie total que duplica la de Francia. La Fundación Humanitaria Doctor Trueta es la única organización de la caravana que trabaja en ese país.

La fundación desarrolla 15 proyectos en los ámbitos de la salud, la educación, el desarrollo económico de cooperativas de mujeres y el equipamiento informático de ayuntamientos y entidades en Nuadhibu, Tidjikja i F'Dérick. Su presidente, Carles Furriols, o simplemente Furri como le llaman todos, se pone las pilas en cuanto pisa la minada tierra de nadie, los seis kilómetros que separan las fronteras marroquí y mauritana, y organiza junto a Montse las descargas y las visitas a los proyectos de Nuadhibu. Furri considera que es vital "trabajar con contrapartes serias y que garanticen el uso correcto de los materiales que enviamos, pero no está de más visitar de vez en cuando estos proyectos para comprobar su buena marcha y abrir nuevos proyectos". Por esa razón, los ojos del equipo de la Fundación Trueta brillan de forma especial ante la visión de la media docena de máquinas de coser que dejaron un año antes y con las que una veintena de mujeres han aprendido costura.

El resto del cargamento de la Trueta -más de 3.000 kilos de fármacos, material escolar, ordenadores, máquinas de coser y 40 pupitres que han recorrido casi 3.000 kilómetros a cuestas de la yogurtera, como bautizamos cariñosamente el camión de bomberos que con mucha pena dejamos aquí- se queda en un almacén bajo la atenta mirada de los responsables de los tres ayuntamientos a cuyas localidades está destinado, pues no hay tiempo de desplazarse a cada una de ellas. Senegal y Gambia aún nos esperan.

Nuevos países, nuevos paisajes y nuevas gentes. En Senegal, el número de proyectos se multiplica y verlos todos es imposible. El Col·lectiu per la Igualtat en la Diversitat nos abre las puertas de algunos de ellos, como la Dara de Gott, un orfanato controlado por líderes religiosos cuyas condiciones de salubridad, higiene y seguridad están por debajo de los mínimos exigibles, donde los niños reciben una sola e insuficiente comida al día y las tablas coránicas son su único aprendizaje.

Únicamente en la región de Thies, al norte de Senegal, hay contabilizadas 26 daras, con 8.000 niños de entre 5 y 18 años. El Col·lectiu per la Igualtat trabaja diferentes aspectos en Senegal, desde la salud hasta la educación, pero me llaman la atención los Cursos de Agentes en Salud Comunitaria, que permiten formar todos los años a 30 personas en materia de primeros auxilios, diagnosis de enfermedades básicas y campañas de vacunación. Se trata de contribuir a hacerles menos dependientes de una ayuda exterior a la que demasiados ya se han acostumbrado.

Casi al final de tres semanas de intensas emociones grabadas para siempre en las mentes de los integrantes de la caravana, la Asociación de Amigos de Diakha Madina, en Senegal, y la Asociación de Amigos y Amigas de Diabughu Bathapa, en Gambia, nos reservan aún dos experiencias imborrables: la convivencia y el agradecimiento abierto y sincero de dos pueblos en los que estas organizaciones actúan de modo integral en materia de sanidad, infraestructuras, educación y promoción de cooperativas de mujeres. Levantarme a la mañana siguiente se me hace aún más costoso que el resto de los días, pues en unas horas empezaremos el viaje de regreso. Los camiones ya están vacíos y nuestra ruta se termina aquí, muy cerca de la frontera con Malí. Más al sur hay otras escuelas, hospitales, centros de formación...

El diagnóstico de África es inestable dentro de la gravedad y presenta múltiples factores para combatir: débiles o nulas estructuras económicas, gobiernos incapaces o ineficaces para hacer frente a las necesidades de sus habitantes, enfermedades, analfabetismo, conflictos enquistados o excesiva dependencia e injerencia del llamado Primer Mundo y sus multinacionales, cuya riqueza crece a costa del esfuerzo y la sangre de África. En Tambacunda disfruto de la última noche de campamento bajo un cielo aquí imposible. Pasa una estrella fugaz. Decidme ilusa, pero espero que los deseos se cumplan. Se lo debemos a África.

Toneladas siempre escasas

Los vehículos que componen la caravana viajan repletos de medicamentos, material médico y sanitario, material escolar, máquinas de coser y enseres de confección, ordenadores, comida, libros, ropa... Casi 100 toneladas de carga. Francisca Rueda, una dicharachera comadrona de Santa Coloma de Gramenet metida en el mundo de la cooperación a través de la asociación Amigos y Amigas de Diabughu Bathapa, se lamenta mientras vaciamos en Tánger el camión con el que Conductors Solidaris de Catalunya ha contribuido a la caravana, y ante el asentimiento de los presentes, de que la falta de espacio obligó a dejar mucho material en Barcelona. "Quizá sería positivo hacer dos viajes al año", apunta. El director de la caravana, Francesc Osan, me explica que da vueltas a esta posibilidad "y no sólo de viajar a África, sino también a otros destinos, como Palestina".

Los ingredientes están allí. Por una parte, se dispone del medio de transporte ideal: Barcelona Acció Solidària tiene cuatro camiones procedentes del ejército alemán que, a manos de conductores como Carbonell, Antonio, Jaume, Diego o Pere, han cambiado las maniobras militares y el transporte de munición por un tipo de tareas muy distinto.

Por otra, las ONG tienen el empeño y la capacidad de reunir la respuesta solidaria de la sociedad civil. Pero falta la base de toda receta de estas características: la financiación. La caravana se alimenta de subvenciones públicas y patrocinios privados, no siempre fáciles de encontrar y no siempre suficientes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de enero de 2005

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