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COLUMNA

Crisis institucional

Se ha dicho todo al respecto a la aprobación del Plan, y con todo está uno aproximadamente de acuerdo. Pero no puedo evitar una fuerte sensación de broma. Me viene una y otra vez a la memoria aquello de don Beltrane, a quien perdimos con la grande polvareda -lástima no lo perdiéramos de verdad-, me recuerda a Tirso de Molina y a la comedia burlesca de nuestro Siglo de Oro. Y, a día 6 del Primer Año Triunfal de la Era Ibarretxe, 4 de enero en el gregoriano, no dejo de pensar humorísticamente que "Esto y mucho más sucede/ desde Toledo a Madrid,/ aunque es jornada tan breve". Todo recuerda a una comedia de enredo de apenas una jornada.

Si el presidente Zapatero dice que el Plan es cosa del pasado, Ibarretxe lo dice también. Responde que quiere ser recibido para hablar hasta el amanecer, ni más ni menos; para ser escuchado, eso sí, él que "dialogó" con todo el mundo sin escuchar a nadie. Y remata, para no dejar abierto ese flanco, con que lo contrario "sería cosa del pasado", refiriéndose a Aznar. Enciende uno la radio y escucha a Patxi López decir que el Documento Guevara debe ser presentado ante la "sociedad vasca", no a parlamentos u otros órganos menores, para que sea respaldado por "los vascos y las vascas", no vaya a quedar al descubierto ese flanco de un malentendido respeto a la mujer. Uno se imagina al lehendakari, Plan en mano, en zapatillas y batín, cuando dice trabajar por el país-Plan cada día desde que se levanta. Y, en el colmo del disparate, escucha a Udalbiltza felicitarse porque la aprobación del Plan, madre de todas las discordias, "abre el camino del entendimiento y solución de los problemas". Como en la comedia burlesca, se escuchan paradojas, dilogías, disparates y otros juegos de palabra, frases hechas y referencias a otras comedias. En plena cabriola de desatino, Ibarretxe dice que no consentirá que la "voluntad de los vascos" -la suya en batín- sea sustituida por la "voluntad del PSOE y el PP reunidos en el Pacto Antiterrorista".

Y, sin embargo, uno es perfectamente consciente de vivir ante la más grave crisis institucional en España desde el 23-F de 1981. No se trata de pasar de la broma a lo enfático y severo, de someter al lector al efecto de ducha caliente-ducha fría. Realmente la situación es grave (aunque algo hay de tragicomedia). El 14 de marzo se abrió el debate constitucional. Cataluña avanza firme por esa vía, incluso Galicia y Andalucía. Por su parte, apenas si se han hecho gestos formales desde el Gobierno; nada sobre la reforma de Senado, etc. Y ahora el Plan Ibarretxe, que rompe con años de bienestar y convivencia por un mal sueño de otoño. Es cierto y es bueno que, tras la rijosidad del Gobierno Aznar, se respiren de nuevo aires de política, se recupere cierta ilusión por reparar las goteras de la casa, se deje de tocar el piano con dos dedos -en imagen afortunada- para tocarlo con los diez. Pero eso no garantiza necesariamente un buen resultado.

El Gobierno socialista, que está mostrando una gran audacia y dotes de improvisación, se atiene a la teoría de juegos. En ella hay una serie de intereses, discursos y decisiones contrapuestos que, según un cálculo racional de oportunidades, dan como resultado efectos socialmente beneficiosos. Pero esa teoría no cuenta con la parte emotiva de las personas ni la irresponsabilidad y el talante bufo de algunos de los actores principales (y no señalo a nadie). Los resultados en el corto plazo son impredecibles. Y aunque en el largo tiempo, en el tiempo casi geológico, aquel principio funcione, generaciones enteras estamos mientras tanto sometidas más bien a juegos de azar. Creo que, de algún modo, si no se quiere perder posiciones claras en el ranking europeo, debe comenzar a ordenarse mínimamente este debate.

Mientras tanto, uno tampoco se siente afecto ni concernido por la actual deriva del Gobierno vasco, formalmente mi gobierno. Creo también que para mostrar el disparate no se debe volver a los argumentos clásicos ("es anticonstitucional", "lo apoya ETA"), gastados por el uso, sino mostrar los serios perjuicios de orden económico, institucional, de credibilidad del país y de convivencia que tiene el Plan. No creo que se deba llevar el debate a una confrontación Euskadi-Madrid, en la que es experto manipulador el PNV. Y, finalmente, el problema es, en efecto, político, y debe ser resuelto esta primavera en las urnas, hablando antes de huevo que del fuero, pues el funambulista es experto en la parodia del fuero. Seguiremos hablando del Gobierno. Espero que por poco tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de enero de 2005