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Reportaje:

El 'botiguer en cap'

Un libro glosa la vida de Pere Llorens desde su paso por la CNT hasta su llegada a la cúpula de la Confederación de Comercio

Es el botiguer más poderoso. Preside desde hace décadas la influyente Confederación de Comercio de Cataluña, que tiene detrás a 90.000 comerciantes. En el despacho de Pere Llorens, en la barcelonesa Via Laietana, se acumulan informes y cuelga en la pared esta máxima: "Amaos como hermanos y mercadead como extraños".

Ayer se presentó un libro sobre sus 80 años de vida, escrito por el periodista Daniel Arasa. Allí estuvieron muchos de sus amigos; entre ellos, el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol, que prologa el libro. Pujol dijo de Llorens: "Pertenece, como yo, a la generación de después de la guerra, de los que no tirábamos el pan después de comer y por eso había tantas sopas de pan (..). Es un hombre valiente que tiene pasión por la cosa pública y ha hecho una gran labor por el comercio". Al acto asistieron unas 200 personas. Entre los políticos, dominio de los de CiU y del PP: el presidente de CiU, Artur Mas; el ex secretario general de Comercio Jaume Anguerri; el líder del PP en el Ayuntamiento, Alberto Fernández, y el director general de Comercio, Raimon Serret.

Hombre polifacético, la frase de Ortega y Gasset "yo soy yo y mis circunstancias" le viene como anillo al dedo. El libro de Arasa relata en 200 páginas que han sido muchas sus circunstancias. Fue militante de la CNT en la decada de 1940 siguiendo la tradición de su padre. Fue mecánico y taxista, y en el mercado del Ninot regentó un puesto de frutas que su familia aún mantiene.

Su salto a la actividad gremial se produjo hace 44 años, como representante del mercado del Ninot en el Gremio de Frutas y Verduras. Por sus cargos ha conocido a siete alcaldes de Barcelona: José María Porcioles, Enrique Massó, Joaquín Viola, Josep Maria Socias, Narcís Serra, Pasqual Maragall y Joan Clos. Y a todos los consejeros del ramo, desde el primero, el seductor Francesc Sanuy, al último, el fogoso Josep Huguet.

En el tardofranquismo fue concejal por el tercio sindical entre 1973 y 1979. No lo fue antes porque "antes de esos años era obligatorio jurar los principios del Movimiento". Pero, por encima de otra cosa, la gran circunstancia de Llorens ha sido su no al catalán en el pleno municipal del Ayuntamiento de Barcelona del 4 de marzo de 1975. Su negativa y la de otros 18 ediles a incluir una partida de 10 millones de pesetas para la lengua catalana le marcó durante años. Llorens reconoce que se equivocó. "Si hubiera pensado que se estaba cuestionando mi catalanidad, no habría votado así (...). No éramos profesionales de la política. La enmienda para esta partida se presentó el mismo día del pleno y temíamos que Madrid no aprobara el conjunto del presupuesto si se aprobaba esta partida".Su relación con CiU ha sido muy estrecha, aunque él recalca: "Nunca he tenido otro carnet político que el de la CNT", de la que se dio de baja en 1949. Con Joaquim Molins de consejero, en 1987, fue director general in péctore de Comercio. Fue nombrado por la mañana, pero dimitió por la tarde cuando Pujol le sugirió que tendría que autorizar grandes superficies, algo inaceptable para él porque, dice, "los míos me quemaban vivo", según narra el libro.

En el sector se le respeta porque ha mantenido unidos a los gremios. Pero su prolongada permanencia en el cargo no gusta a algunos. Un comerciante recuerda que hace años se cambiaron los estatutos para ser reelegido.

Francesc Homs le dijo una vez, siendo diputado de CiU en Madrid, que había tres hombres incombustibles: Jordi Pujol, en la Generalitat; Josep Lluís Núñez, en el Barça, y el propio Llorens. Homs se olvidó de otro importante longevo en el cargo: Josep Vilarasau, que dirigía La Caixa, aunque CiU se acordó años después de éste cuando puso un límite de edad para la presidencia de las cajas, lo que impidió su reelección. Ninguno está en el cargo. Llorens sigue. ¿Jubilarse? "Aún me queda hasta 2006. Luego ya veremos".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 21 de diciembre de 2004